Yakarta, la gigantesca capital de Indonesia, se está hundiendo. Sus 10,5 millones de habitantes conviven con una ciudad saturada, contaminada y sumergida: alrededor del 40% de su superficie ya está por debajo del nivel del mar, y la tierra cede a un ritmo de 17 centímetros anuales. Una catástrofe silenciosa que podría convertir la urbe en un recuerdo sumergido antes de 2050.
Frente a esta emergencia, el gobierno indonesio tomó una decisión drástica: abandonar Yakarta. La solución no fue salvar la ciudad que se hunde, sino construir otra desde cero. Así nació Nusantara, la nueva capital que aspira a ser la versión futurista de Indonesia, aunque corre el riesgo de quedarse en un desierto de hormigón, cristal y cemento sin vida urbana.
Nusantara espera no ser otro fiasco urbano: 45.000 millones para una ciudad que busca albergar a millones de personas
El nombre Nusantara, un término javanés que históricamente designa al archipiélago indonesio, se ha transformado en la marca de la esperanza nacional. La ciudad se levanta en la isla de Borneo, en la región de Kalimantán Oriental, elegida por su menor riesgo de desastres naturales y por su ubicación central respecto al país: a 1200 kilómetros de Yakarta, lejos de la tierra que se hunde.
El plan nació en 2019 bajo el mandato del presidente Joko Widodo. Con un presupuesto inicial de 45.000 millones de euros, Nusantara debía ser un “lienzo para el futuro”, según Widodo. La idea era no solo escapar del hundimiento, sino equilibrar la desigualdad económica entre Java, la isla más poblada y rica, y el resto del archipiélago, compuesto por 17.500 islas.
La ciudad, que oficialmente se llama Ibu Kota Nusantara, cubre 2560 km², cuatro veces Yakarta y el doble de Nueva York. Incluye zonas gubernamentales, residenciales y de desarrollo urbano, con la promesa de un diseño sostenible: transporte público predominante, energía 100% renovable y más del 60% de áreas verdes.
Pero la realidad ha empezado a chocar con las expectativas. Tras la salida de Widodo en octubre de 2024 y la llegada de Prabowo Subianto, la financiación estatal cayó a menos de un tercio de lo previsto. La inversión privada también se quedó corta y la ciudad, por ahora, cuenta con apenas 2.000 funcionarios y 8.000 obreros en construcción. Los edificios futuristas y las calles limpias se enfrentan a la amenaza de convertirse en un simulacro de capital sin habitantes.
Además, el costo ambiental ha sido enorme: más de 2.000 hectáreas de manglares taladas, según la ONG Walhi, y un impacto irreversible sobre especies en peligro de extinción. Nusantara promete ser verde y tecnológica, pero hasta ahora, es un proyecto con enormes vacíos entre la visión y la realidad.















