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Científicos encuentran evidencias del primer beso de la humanidad: un gesto que lleva repitiéndose 21 millones de años

El gesto de juntar los labios podría tener raíces muy profundas en nuestra historia evolutiva y la de nuestros primos simios.
Científicos encuentran evidencias del primer beso de la humanidad: un gesto que lleva repitiéndose 21 millones de años
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Actualizado: 19:58 2/1/2026
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El beso, ese gesto que hoy asociamos al romance o al cariño, podría ser muchísimo más antiguo de lo que pensábamos. Un nuevo estudio liderado por investigadoras de la Universidad de Oxford sostiene que nuestros antepasados primates ya se besaban hace entre 17 y 21 millones de años, y que tanto los neandertales como los grandes simios del pasado probablemente practicaban algún tipo de contacto boca con boca no agresivo. La idea desmonta la visión de que besar es una rareza cultural reciente y lo coloca como un comportamiento profundamente arraigado en la historia evolutiva de los homínidos.

El trabajo, publicado en la revista Evolution and Human Behaviour, parte de una paradoja bien conocida en biología: besar parece arriesgado desde el punto de vista evolutivo —facilita la transmisión de patógenos— y, sin embargo, está presente en muchas culturas humanas y en varias especies de primates. Para intentar resolver ese enigma, el equipo definió el beso de forma muy concreta: contacto boca con boca, no agresivo y sin intercambio de comida. A partir de ahí, recopilaron todos los registros disponibles de “besos” en primates modernos observados en libertad o en cautividad, desde chimpancés y bonobos hasta orangutanes, para luego analizar el patrón con herramientas filogenéticas.

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El beso como rasgo heredado de los grandes simios

Tratando el beso como un “rasgo” conductual, las autoras lo proyectaron sobre el árbol evolutivo de los primates y utilizaron modelos para estimar qué probabilidad había de que ese comportamiento ya existiera en los ancestros comunes. El resultado apunta a que el beso aparece como algo muy probable en el último ancestro común de los grandes simios —el linaje que dará lugar a orangutanes, gorilas, chimpancés, bonobos y humanos—, situado entre hace 17 y 21 millones de años. Es decir, no habría surgido solo en nuestra especie, sino que formaría parte de un repertorio social heredado, modulado después por cada rama evolutiva.

¿Y los neandertales? El nuevo estudio encaja con trabajos previos que han reconstruido el microbioma oral de neandertales y humanos modernos a partir de sarro fosilizado en sus dientes. Esos análisis han mostrado comunidades bacterianas muy similares y sugieren intercambios de saliva frecuentes, algo coherente con comportamientos de proximidad física sostenida, como el beso, el compartir comida boca a boca o el cuidado mutuo. Si a eso se suma que hay indicios de contacto estrecho e hibridación genética entre neandertales y Homo sapiens, la hipótesis de que también se besasen deja de parecer una licencia romántica y pasa a ser una posibilidad plausible desde la biología.

Para qué sirven los besos en primates y humanos

El estudio no pretende idealizar el beso, sino entender qué función pudo tener para sobrevivir en grupos sociales complejos. Entre chimpancés y bonobos, por ejemplo, se ha observado que el contacto boca con boca puede servir para reforzar vínculos, reconciliarse después de un conflicto, reducir el estrés o evaluar el estado de salud de otro individuo a través del olor y el gusto. En humanos, la investigación sugiere algo parecido: los besos íntimos podrían ayudar a seleccionar pareja al detectar señales químicas ligadas al sistema inmune, al tiempo que fortalecen la cohesión dentro de la pareja o del grupo.

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