Imagínate a una empresa de inteligencia artificial que obtiene 1.000 millones de dólares porque ha montado un sistema que se inventa personas que no existen para hacer encuestas. Suena a locura, pero es real. Aaru, que nació en marzo de 2024 de la mano de Cameron Fink, Ned Koh y John Kessler, ha logrado que Redpoint Ventures les meta más de 50 millones de dólares en su primera gran ronda de inversión. Y lo mejor es que su plan les ha funcionado muy bien.
¿Cómo funciona el engaño? Pues crean miles de personas falsas con inteligencia artificial que se comportan como humanos de carne y hueso. Les dan personalidades completas, con sus manías, sus familias, sus gustos y todo. Estos muñecos digitales se pasan el día navegando por internet y van cambiando de opinión según lo que leen, igual que harías tú. La prueba de fuego llegó cuando predijeron las primarias demócratas de Nueva York y se equivocaron por solo 371 votos. Ahí fue cuando todo el mundo se giró a mirar.
Esto, por supuesto, ha levantado un buen follón. Accenture, EY e Interpublic Group ya están usando este invento, pero hay gente que dice que sustituir a personas reales por simulaciones es un fraude. Lo que antes costaba un dineral y se tardaba semanas en hacerse, ahora lo resuelven en dos minutos con 5.000 personas inventadas. Es rápido, es barato, pero para muchos es inaceptable por no ajustarse a la realidad.
Les dan 1.000 millones pero apenas proyectan ganar 10 millones al año
Aquí viene lo gracioso (o no). Resulta que Aaru está valorada en 1.000 millones de dólares pero factura menos de 10 millones al año. Vamos, que los inversores están apostando por lo que puede llegar a ser, no por lo que es ahora. Algunos ya están oliendo a burbuja por todos los lados.
Y ahí está el meollo del asunto. Cameron Fink, el jefe de Aaru, dice que las encuestas tradicionales son una birria porque la gente miente, no puedes llegar a todo el mundo y sale carísimo. Pero crear personas falsas para entender a las reales suena a película de ciencia ficción distópica. Ya compiten con otras empresas como CulturePulse, Simile y Listen Labs en una carrera que puede cambiar para siempre cómo funcionan los estudios de mercado. La pregunta es si esto es progreso o la IA por sí sola ya justifica cualquier fin que se quiera inventar el capitalismo para reducir costes.














