Durante más de ocho décadas, el paradero de Le Tonnant fue una frase repetida en archivos, diarios y conversaciones familiares: hundido en algún punto entre España y Marruecos. Esa vaguedad —un mar enorme para un barco concreto— es justo lo que acaba de romperse con una fórmula tan vieja como eficaz: papel y paciencia para acotar el mapa, y tecnología acústica para ver lo que el agua oculta. El resultado es un hallazgo con peso histórico (y también emocional): el submarino francés, desaparecido desde 1942, ha sido localizado en aguas españolas, frente a la costa de Cádiz.
Según ha detallado Forbes a partir del trabajo del equipo, el impulso inicial vino de Erwan L’Her (Universidad de Bretaña Occidental), que se sumergió primero en los registros y testimonios: la zona probable era demasiado amplia y, además, el Estrecho y su entorno no perdonan errores (corrientes, tráfico marítimo, fondos complejos). El giro llegó cuando investigadores vinculados a Cádiz localizaron documentación naval que permitía estrechar el área de búsqueda; con ese “rectángulo” más realista, entró en juego el sonar multihaz.
Cómo se “ve” un pecio sin luz
El multihaz no “fotografía” como una cámara: barre el fondo con un abanico de pulsos y construye un modelo del relieve a partir de los ecos. Frente al sonar monohaz (un único “pinchazo” por pasada), el multihaz ofrece cobertura continua y multiplica la información útil para identificar volúmenes, formas y anomalías. En literatura técnica se describe precisamente así: más densidad de datos, más cobertura del fondo y, bien calibrado, precisión suficiente para distinguir estructuras con fiabilidad en campañas de levantamiento batimétrico.
Con esa lectura del fondo, los investigadores detectaron un pecio que encajaba por dimensiones y geometría con el submarino buscado. El hallazgo no es solo “dar con un punto”: es reconstruir una identidad a partir de señales parciales (silueta, proporciones, detalles del casco) y contrastarlas con planos y referencias históricas. En este caso, el equipo sitúa el submarino a más de 200 metros de profundidad, y subraya un problema clásico en este tipo de búsquedas: el agua turbia y la dinámica sedimentaria pueden complicar la interpretación, haciendo que el fondo “cambie” y enmascare huellas con el tiempo.
Historia bélica y patrimonio bajo el mar
La historia de Le Tonnant está ligada a uno de los momentos más tensos del Atlántico y el Mediterráneo durante la Segunda Guerra Mundial: la Operación Torch (noviembre de 1942). El submarino, según el relato recogido, habría sido hundido deliberadamente para evitar que su tecnología quedara en manos enemigas, en un contexto de ataques y daños que dejó a parte de la flota francesa en una situación límite.
Más allá del titular, el hallazgo entra de lleno en el terreno del patrimonio cultural subacuático, donde la arqueología trabaja con una doble responsabilidad: científica y ética. La Convención de la UNESCO de 2001 define este patrimonio como los restos de actividad humana con valor cultural o histórico que han permanecido bajo el agua durante largos periodos (la referencia habitual es al menos 100 años), y establece un marco de protección que busca evitar expolios y actuaciones agresivas. Un pecio de guerra no es solo un “objeto”: puede ser también un lugar de memoria.















