Es innegable. La Inteligencia Artificial avanza a pasos agigantados en el terreno personal o laboral, pero también en el plano audiovisual. La industria de Hollywood se ha mostrado algo reticente a abrazar según qué herramientas, pero de vez en cuando nos encontramos con titulares y situaciones realmente catastróficas.
Este es el caso de la reciente “puesta al día” de El mago de Oz (1939), que será proyectada en Las Vegas sobre la gigantesca pantalla de The Sphere, la más grande del mundo con sus 14.864 metros cuadrados. A primera vista, la idea de ver una de las joyas eternas del séptimo arte en un lienzo tan monumental parece un sueño hecho realidad.
No es menor imaginar la voz de Judy Garland llenando los altavoces —más de 167.000 en todo el recinto— mientras la imagen de Victor Fleming brilla en un formato capaz de cubrir el equivalente a varios campos de fútbol. Pero el despliegue de MSG Ventures, empresa a cargo del espacio, va mucho más allá de la proyección clásica. Han usado IA para realzar las secuencias del filme y el resultado es, cuanto menos, dantesco.
La IA pone en jaque a un icono del cine: el polémico caso de 'El mago de Oz' que sacude a la industria
La atracción turística no se conforma con simplemente exhibir la película original, ni con la majestuosidad de sus 18.600 butacas. Para captar la atención del público, han decidido convertir la proyección en una experiencia sensorial total. El espectador será bombardeado con efectos físicos: 750 ventiladores soplarán con fuerza para simular el huracán que traslada a Dorothy y su perro Totó desde Kansas hasta Oz, acompañados de niebla, hojas volando y llamas que arderán al aparecer el mismísimo mago, junto a monos voladores que prometen sorprender y distraer. Más de dos mil personas están involucradas en la puesta en escena de este espectáculo, según su CEO.
No es raro que el cine comercial se nutra de estímulos externos para atraer público, basta con mirar cualquier sala de cine en fin de semana para comprobarlo. Lo que desata la polémica y el rechazo es el uso que hacen de la Inteligencia Artificial generativa para alterar la imagen original. La versión que se exhibirá no es solo ampliada en tamaño, sino que el metraje clásico ha sido literalmente “rellenado” para cubrir cada centímetro de la inmensa pantalla LED.
En un extenso reportaje del programa CBS Sunday Morning, se muestra cómo esta versión de El mago de Oz toma la película original y expande sus bordes con contenido generado por IA, creando espacios vacíos y paisajes interminables que invaden cada plano. La composición y el encuadre cuidadosamente pensados por los creadores en 1939 quedan arrasados, reemplazados por amplios márgenes de aire y horizontes que parecen sacados de un fondo de escritorio de Windows XP. La imagen, además, pierde toda textura y rugosidad propia de una película de época, dando paso a una superficie pulida, homogénea y sin alma, como un plástico que refleja la luz de forma antinatural.
The Las Vegas Sphere has sparked fierce controversy with an AI-“enhanced” version of The Wizard of Oz where Dorothy’s freckles are algorithmically sharpened and Uncle Henry is digitally inserted into shots he never filmed, igniting debate about the role technology should play in… pic.twitter.com/k4wjg0Njrr
— CONSEQUENCE (@consequence) July 29, 2025
El daño no se limita a la mera expansión visual: en algunos casos, la IA llega a “inventar” movimientos e interpretaciones de personajes cuando estaban fuera de plano. Un ejemplo flagrante es el del tío Henry, interpretado originalmente por Charley Grapewin, cuya presencia se ha extendido más allá de lo filmado, generando una actuación que jamás existió en la realidad ni respetó la intención artística original.
Resulta especialmente irónico que El mago de Oz fuera en su día un faro de innovación tecnológica y artística. La transición del blanco y negro inicial al vibrante Technicolor sigue siendo un momento emblemático que simboliza el poder transformador del cine y su capacidad para maravillar. Sin embargo, esta nueva propuesta no homenajea aquel espíritu, sino que lo diluye en una maraña tecnológica sin sentido, con elementos añadidos que solo distraen y empequeñecen la obra. Esta reimaginación con IA no es sino un triste recordatorio de los peligros que acechan cuando el respeto por la creación artística se sacrifica en el altar de la tecnología y el espectáculo vacío. No ha sido la primera víctima y, desgraciadamente, tampoco será la última.















