Después de más de cuatro años de silencio, Euphoria vuelve con un salto que cambia el tablero: la temporada 3 no retoma la historia “donde la dejó”, sino cinco años después, ya fuera del instituto, y con fecha marcada en rojo por HBO: 12 de abril. El primer avance empuja a los personajes hacia una vida adulta menos romántica y más áspera, con decisiones que ya no se pueden atribuir a la adolescencia.
Rue sigue siendo la brújula narrativa, pero ahora se mueve en un paisaje más peligroso: el tráiler la sitúa en la frontera entre EE. UU. y México, arrastrando una deuda con Laurie, la narcotraficante que se convirtió en su amenaza más concreta al final de la temporada 2. La propia voz en off del avance sugiere un tono de “después de la tormenta”: Rue habla de empezar a tener fe, como si sobrevivir —esta vez— ya fuera una forma de victoria.
Adultos, pareja y grietas
En paralelo, Cassie y Nate aparecen instalados en un futuro que, por fuera, parece el “sueño suburbano” y por dentro huele a grieta: boda, casa, rutina… y una convivencia donde el control y la imagen pública siguen pesando. El avance se permite incluso ese detalle muy 2026: la discusión por el “contenido” y el tiempo que se va por el móvil, como si el drama íntimo se hubiera mudado a la misma habitación que los likes.
El tráiler también deja caer un reencuentro breve entre Rue y Jules —lo justo para recordarte que esa relación no se resolvió, solo se congeló—, y confirma que la serie regresa con buena parte del reparto principal. Además, HBO mantiene el gancho de los regresos puntuales (Colman Domingo, otra vez) y juega con la curiosidad alrededor de nuevas incorporaciones, como Rosalía, anunciada para la temporada aunque no aparezca en este primer vistazo.
Una vuelta con presión industrial
Que Euphoria llegue hasta aquí ya es parte de la historia: el regreso se ha ido aplazando por una suma de golpes reales (las huelgas de guionistas y actores de 2023) y por la logística de reunir a un elenco que se ha disparado en cine y televisión. A eso se añade la ausencia de Angus Cloud, una pérdida que inevitablemente pesa en el ecosistema emocional de la serie.
La apuesta del salto temporal tiene sentido en términos creativos y también industriales: Euphoria no vuelve solo como fenómeno pop, vuelve como marca de prestigio, con un historial de premios que HBO no suelta (se habla de 25 nominaciones a los Emmy y 9 victorias). El reto ahora es otro: demostrar que su lenguaje —ese brillo oscuro, esa intensidad que divide a los fans— puede sobrevivir a la adultez de los personajes sin perder el pulso ni repetirse.















