A más de 6000 km/h no hay margen para el error ni ningún avanzado caza puede ser decisivo. En ese punto donde el aire se convierte en fuego y la atmósfera en un muro de fricción, se libra la nueva carrera armamentística del siglo XXI. La velocidad ya no es una ventaja, sino la frontera misma del poder. Rusia y China ya la han cruzado. Estados Unidos, por primera vez en décadas, llega tarde a la cita, pese a que se esfuerza en ello.
Los misiles hipersónicos no son un concepto de ciencia ficción ni un simple refinamiento de los balísticos. Son ingenios capaces de superar Mach 5 -cinco veces la velocidad del sonido- y cambiar de rumbo en pleno vuelo, algo que los hace casi imposibles de interceptar. A diferencia de los misiles convencionales, estos sistemas vuelan a menor altitud, maniobran sobre objetivos y confunden los radares. El aire que los rodea se ioniza, las temperaturas superan los 2000 grados y los sensores se enfrentan a condiciones extremas. Cada lanzamiento es un pulso de ingeniería y una advertencia estratégica.
La guerra del futuro ya ruge a 6000 km/h: China y Rusia dominan los misiles hipersónicos mientras EE. UU. se queda atrás
Moscú fue la primera en declarar que dominaba esta nueva física del combate. Su sistema Avangard, un planeador lanzado desde un misil intercontinental, entró oficialmente en servicio en 2019. Según el Kremlin, puede alcanzar más de 20 veces la velocidad del sonido y portar una cabeza nuclear. En 2024, Kiev denunció el uso del Zircon contra la capital ucraniana, confirmando que la tecnología ya está en el frente.
China ha seguido un camino igual de ambicioso. Su misil DF-17 está plenamente operativo y el DF-27 -según reportes de 2023- recorrió más de 2.000 kilómetros en 12 minutos. A eso se suma el YJ-21, diseñado para destructores y bombarderos, consolidando un despliegue visible que busca proyectar fuerza más allá del Pacífico.
El Pentágono apuesta por el Long-Range Hypersonic Weapon (Dark Eagle), con un alcance de 2780 kilómetros y un coste superior a 2700 millones de dólares. Tras varios fallos en 2023 y 2024, la Oficina de Responsabilidad Gubernamental confirmó avances en 2025, con el primer vuelo completo satisfactorio.
Pero el enemigo real es el tiempo. Los radares apenas disponen de segundos y las trayectorias impredecibles rompen cualquier algoritmo de defensa. Por eso, el bloque occidental refuerza el pacto AUKUS con sensores distribuidos, inteligencia compartida y nuevos interceptores. El desafío no es solo construir misiles equivalentes, sino evitar que la era hipersónica altere definitivamente el equilibrio del poder global.















