La Calzada King Fahd, un colosal puente de 1700 millones de euros, se alza majestuosamente sobre el mar, uniendo dos países y transformando la geografía del Golfo. Esta impresionante infraestructura conecta Arabia Saudí y Baréin mediante una carretera que cruza directamente el golfo de Baréin, ofreciendo un recorrido único sobre el agua y convirtiéndose en uno de los enlaces terrestres más importantes de la región.
Más allá de su magnitud, la Calzada King Fahd destaca por su impacto histórico y técnico. Su construcción, iniciada en 1981, culminó oficialmente en 1986. El puente lleva el nombre del entonces monarca saudí, cuya figura impulsó gran parte de los ambiciosos proyectos de modernización del país. Además, la obra representó un reto logístico para Baréin, que tuvo que adaptar su normativa de tráfico para unificar la circulación con Arabia Saudí.
Un megapuente de 1700 millones de euros se alza sobre el mar, conectando dos naciones y desafiando al océano con la construcción de islas artificiales.
La idea de conectar Baréin con Arabia Saudí se remonta a 1954, tras una visita del rey Saud Bin Abdulaziz Al Saud a Baréin. Décadas después, esta visión se materializó en una estructura de cinco puentes y siete terraplenes, con cuatro carriles principales y uno de emergencia. El trayecto completo, de unos 25 kilómetros, se recorre en coche en entre 20 y 45 minutos.
Un elemento distintivo del proyecto son las islas artificiales a lo largo del trazado. Entre ellas destaca Passport Island, que actúa como punto intermedio de servicios con restaurantes, mezquitas, instalaciones gubernamentales, torres de vigilancia costera y zonas verdes. Baréin, por su parte, está compuesta por 33 islas naturales y cerca de 50 artificiales, lo que refuerza su carácter insular.
Diseñada para durar 75 años, la calzada está prevista para operar hasta 2061, aunque ya se estudian opciones para extender su vida útil. Desde 2018, las mujeres pueden conducir por esta vía tras la eliminación de restricciones en Arabia Saudí. Mientras tanto, otros países europeos, como Italia, exploran proyectos similares, como el futuro puente del estrecho de Mesina, que busca unir el continente con Sicilia con una inversión multimillonaria.















