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El coche más caro de la historia no pasa de los 17 km/h y está aparcado fuera del planeta Tierra

Con un coste por unidad superior al de cualquier superdeportivo moderno, el LRV es mucho más que un coche: es un testimonio del ingenio humano.
El coche más caro de la historia no pasa de los 17 km/h y está aparcado fuera del planeta Tierra
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Actualizado: 16:00 4/5/2025

Cuando se habla del coche más caro de la historia, pocos pensarían en un vehículo sin ventanas, sin aire acondicionado y que jamás superó los 18 km/h. Sin embargo, el título le pertenece indiscutiblemente al Lunar Roving Vehicle (LRV), el singular buggy eléctrico que la NASA envió a la Luna durante las misiones Apolo 15, 16 y 17.

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Fabricado por Boeing y Delco Electronics en los años 70, este coche lunar costó entonces 38 millones de dólares, una cifra que, ajustada a la inflación, se eleva hoy hasta los 281 millones. Mucho más que cualquier Bugatti o Ferrari jamás producido.

Un todoterreno para la Luna

Este todoterreno extraterrestre fue diseñado con una premisa clara: funcionar en las condiciones más extremas conocidas por el ser humano. Con una estructura ligera —apenas 210 kilos en vacío— y cuatro motores eléctricos independientes, uno por cada rueda, el LRV fue pionero en la tracción total eléctrica. Se desplazaba mediante dos baterías no recargables de 36 voltios y tenía una autonomía de unos 90 kilómetros, más que suficiente para recorrer la superficie lunar, recolectar muestras y regresar al módulo de aterrizaje.

Aunque su diseño era minimalista, sus capacidades eran avanzadas: cámara de televisión, giroscopio para navegación y un sistema de control mediante joystick, mucho antes de que se popularizara este tipo de interfaz en la industria automotriz. Su velocidad máxima era de apenas 18 km/h, pero se limitó a 14 km/h por razones de seguridad. Solo en 1972, durante la misión Apolo 17, el astronauta Eugene Cernan rompió esa barrera alcanzando el récord de velocidad lunar con 18 km/h.

El LRV se convirtió en una herramienta clave para la ciencia lunar. En Apolo 15, por ejemplo, permitió a los astronautas cubrir casi 28 kilómetros de terreno, algo impensable en las misiones anteriores, donde los desplazamientos eran a pie. Esa capacidad de exploración extendida ayudó a recoger más muestras, ubicar formaciones geológicas únicas y ampliar la comprensión del paisaje selenita. Sin embargo, por limitaciones de peso en el módulo lunar, los tres LRVs enviados nunca regresaron a la Tierra: siguen aparcados en la Luna, convertidos en reliquias tecnológicas.

A diferencia del Tesla Roadster de Elon Musk que orbita alrededor del Sol, los buggies lunares no fueron un gesto simbólico, sino una herramienta científica crítica en la era dorada de la exploración espacial. A día de hoy, siguen allí, a 384.400 kilómetros de distancia, esperando quizá que un astronauta vuelva a arrancarlos. Y si lo hacen, será el viaje más caro y exclusivo del universo.

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