El descanso de la Super Bowl volvió a convertirse en algo más que un intermedio musical: un termómetro cultural capaz de disparar titulares políticos. Tras la actuación del puertorriqueño Bad Bunny en la edición de 2026, el presidente de EEUU Donald Trump la atacó con dureza en un mensaje publicado en Truth Social, donde la calificó de “absolutamente terrible” y la situó entre “las peores de la historia”.
La polémica no se queda en si el show gustó más o menos. En el texto, el reproche mezcla estética, idioma y “valores nacionales”: el presidente critica que el repertorio fuese íntegramente en español y lo plantea como una afrenta simbólica, en una línea que encaja con la guerra cultural estadounidense, donde el entretenimiento masivo se usa como campo de batalla identitario.
Un presidente totalmente indignado
Amplió su crítica con varias frases en la misma línea: aseguró que la actuación fue “absolutamente terrible”, que estaba “entre las peores de la historia”, que “no tiene ningún sentido” y que era “una afrenta” a la “grandeza de Estados Unidos”. También cargó contra el hecho de que el repertorio fuese en español con comentarios del estilo “nadie entiende una palabra de lo que está diciendo”, y remató con calificativos como “repugnante”, además de insinuar que no era un contenido apropiado para un evento “familiar”.
"Este show es una bofetada en la cara para nuestro país, que establece nuevos estándares y récords cada día, ¡incluyendo el mejor mercado de valores y los mejores planes de jubilación de la historia! No hay nada inspirador en este desastre de espectáculo de medio tiempo; recibirá excelentes críticas de los medios de comunicación falsos, porque no tienen ni idea de lo que está sucediendo en el mundo real", denunció el presidente.
La actuación , demás, está cargada de simbolismo: una “casita” recreada como postal de barrio, guiños a la cultura popular puertorriqueña y un repertorio íntegramente en español, algo inédito para este formato masivo. Con cameos como Lady Gaga, Ricky Martin y Pedro Pascal y otras apariciones pensadas para subrayar una idea de comunidad latina amplia, con el foco en Puerto Rico y su diáspora.
El contexto que convierte el show en mensaje
El contexto añade gasolina: Bad Bunny llegaba al evento con el foco mediático a tope tras ganar el Grammy a álbum del año por DeBÍ TiRAR MáS FOToS, un trabajo en español que, por sí solo, ya funcionó como declaración de intenciones en el mercado anglófono.
The Super Bowl Halftime Show is absolutely terrible, one of the worst, EVER! It makes no sense, is an affront to the Greatness of America, and doesn’t represent our standards of Success, Creativity, or Excellence. Nobody understands a word this guy is saying, and the dancing is…
— Commentary: Trump Truth Social Posts On X (@TrumpTruthOnX) February 9, 2026
Bad Bunny, de momento, no ha respondido públicamente, y eso también es mensaje: dejar que el ruido se consuma solo. Con todo, el episodio confirma un patrón: el descanso de la Super Bowl ya no es solo espectáculo, sino un escenario donde se negocia quién ocupa el centro del relato cultural estadounidense… y quién se queda fuera.















