La evolución humana está lejos de haber seguido el camino lineal que durante décadas se representó en los libros de historia. Un nuevo estudio de investigadores de la Universidad de California en Berkeley ha identificado en el ADN de los seres humanos actuales las huellas genéticas de dos linajes de homínidos desconocidos, cuyos rastros han logrado sobrevivir durante cientos de miles de años.
El hallazgo ha sido posible gracias a una nueva herramienta de análisis genealógico denominada TRACE, capaz de rastrear fragmentos de ADN arcaico y reconstruir su recorrido a través de diferentes poblaciones humanas. Los investigadores han utilizado este modelo para localizar secuencias genéticas que no encajan con los linajes conocidos y determinar cuándo pudieron incorporarse al patrimonio genético de nuestra especie.
Descubren un linaje ‘fantasma’ en el ADN humano, que se cruzó con nuestros ancestros hace más de 50.000 años
Los resultados apuntan a dos poblaciones ancestrales cuya historia se remontaría a periodos comprendidos entre hace 800.000 y 1,8 millones de años. Aunque estos grupos desaparecieron como poblaciones diferenciadas, parte de su legado genético habría llegado hasta los seres humanos actuales mediante sucesivos episodios de mestizaje.
El primero de estos 'ancestros fantasma' tendría un origen situado hace aproximadamente 800.000 años. Según el estudio, sus descendientes entraron en contacto con poblaciones de Homo sapiens en África hace unos 50.000 años, antes de una de las grandes migraciones que llevaron a nuestros antepasados fuera del continente.
El segundo linaje es todavía más antiguo. Los investigadores lo denominan «superarcaico» y sitúan sus raíces evolutivas cerca de hace dos millones de años. Su material genético habría llegado hasta nuestra especie de forma indirecta, después de que esta población se mezclara con los denisovanos en Eurasia hace más de 200.000 años.
La existencia de ambos linajes se ha deducido a partir de las señales conservadas en el ADN moderno. No se trata, por tanto, de dos especies cuyos restos fósiles hayan sido encontrados recientemente, sino de poblaciones cuya presencia puede reconstruirse gracias a las huellas genéticas que dejaron en otros grupos humanos. "Las genealogías conservan un registro de nuestro pasado evolutivo", explica Priya Moorjani, una de las investigadoras del proyecto. Precisamente ese registro permite reconstruir encuentros que tuvieron lugar cientos de miles de años atrás y que no aparecen de forma evidente en el registro arqueológico.
El estudio refuerza la idea de que la evolución de Homo sapiens fue mucho más parecida a una red de poblaciones conectadas que a un árbol perfectamente ramificado. Diferentes grupos de homínidos coexistieron, migraron, se separaron y volvieron a entrar en contacto, dejando pequeñas partes de su patrimonio genético en generaciones posteriores.
Nuestro ADN ya había demostrado que los humanos modernos heredaron material genético de neandertales y denisovanos. La identificación de estos dos nuevos linajes fantasma amplía todavía más ese complejo mapa de intercambios.
El trabajo demuestra, además, que el genoma humano puede funcionar como una especie de archivo de nuestra historia evolutiva. Incluso cuando una población desaparece y no deja restos fósiles claramente identificables, algunos de sus genes pueden sobrevivir durante cientos de miles de años. En nuestro propio ADN quedan así las huellas de encuentros entre poblaciones humanas que tuvieron lugar mucho antes de que existiera la civilización.















