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Confirmado por la ciencia: Dragon Ball enseñó moralidad a los millennial y a diferenciar entre buenos y malos

Varios psicólogos llevan décadas hablando de cómo ciertas ficciones en la juventud pueden moldear el trato social.
Confirmado por la ciencia: Dragon Ball enseñó moralidad a los millennial y a diferenciar entre buenos y malos
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Actualizado: 12:00 11/4/2026
millennial
psicología

Lo cierto es que no hay estudios que prueben algo así de forma directa ni trabajos científicos que atribuyan a la serie de Akira Toriyama un efecto diferencial y medible sobre toda una generación. Lo que sí existe es una base bastante sólida que muestra que la ficción puede influir en la empatía, la comprensión de otros y la cognición social, especialmente durante la infancia y la adolescencia.

Ahí es donde la obra de Akira Toriyama encaja bastante bien. Dragon Ball expuso a millones de espectadores jóvenes a personajes menos simples de lo habitual en la ficción infantil más convencional. Piccolo y Vegeta no eran villanos que se volvían buenos de un día para otro, sino figuras contradictorias, orgullosas, violentas y, al mismo tiempo, capaces de cambiar. Esa clase de relatos puede ayudar a familiarizar al espectador con una idea básica de la psicología narrativa: que las personas no se entienden bien si se las reduce a héroes puros o monstruos absolutos.

Una intuición potente, pero no un veredicto científico

La investigación científica disponible va por ahí, aunque sin señalar a Dragon Ball de forma específica. Distintos trabajos han relacionado la exposición a ficciones complejas con mejoras en cognición social, teoría de la mente y comprensión emocional. Es decir, la narrativa puede servir como un pequeño laboratorio donde ensayamos cómo leer a otros, cómo atribuir intenciones y cómo sostener puntos de vista enfrentados sin que todo se divida entre buenos y malos.

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También conviene ser prudentes con la referencia a Kohlberg, que suele aparecer en este tipo de artículos como si cerrara la discusión. La teoría del desarrollo moral del psicólogo estadounidense explica cómo niños y adolescentes avanzan hacia formas de razonamiento más complejas, pero no demuestra que una serie concreta produzca por sí sola una moralidad más madura o más ambigua. Lo que sí permite sostener es que, en esas edades, enfrentarse a dilemas, contradicciones y elecciones difíciles puede contribuir a un pensamiento menos rígido.

Más crónica cultural que prueba definitiva

En ese sentido, Dragon Ball ofrece ejemplos bastante claros. La evolución de Vegeta, el conflicto de Piccolo o la decisión de Gohan de no convertirse en el guerrero total que parecía destinado a ser introducen una idea que muchos niños no encontraban con tanta claridad en otras historias de su tiempo: la identidad no es fija, el poder no siempre obliga a seguir un camino y la redención no borra automáticamente el pasado. Más que enseñar una moral superior, la serie acostumbró a convivir con personajes incómodos, cambiantes y difíciles de clasificar.

La verdad es que esta serie pudo ayudar a muchos espectadores a normalizar una narrativa más gris y menos esquemática, y eso encaja con lo que la psicología sabe sobre ficción y desarrollo social. Marcó a millones de niños; lo que no ha demostrado la ciencia es que los convirtiera, por sí sola, en adultos psicológicamente distintos, pero sí que está claro que les hizo de otra pasta.

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