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Científicos japoneses hallan en un asteroide a 300 millones de kilómetros las 5 bases del ADN clave para el origen de la vida

Ryugu, un asteroide de tipo C formado hace unos 4.600 millones de años, conserva señales de una sopa molecular mucho más rica de lo que se pensaba.
Científicos japoneses hallan en un asteroide a 300 millones de kilómetros las 5 bases del ADN clave para el origen de la vida
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Actualizado: 16:22 17/3/2026
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Ryugu acaba de reforzar una de las hipótesis más sugerentes de la astrobiología: que parte de los ingredientes básicos de la vida no se cocinaron solo en la Tierra, sino que ya viajaban por el Sistema Solar desde sus primeros tiempos. Un estudio publicado este 17 de marzo en Nature Astronomy confirma que las muestras traídas por la misión japonesa Hayabusa2 contienen las cinco nucleobases canónicas del ADN y el ARN: adenina, guanina, citosina, timina y uracilo.

El hallazgo tiene peso porque hasta ahora en Ryugu ya se habían detectado compuestos orgánicos importantes, incluida uracilo, pero no el conjunto completo. El equipo japonés, liderado desde JAMSTEC junto a varias universidades, analizó dos muestras del asteroide y encontró por primera vez ese repertorio entero en un material tan primitivo.

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La propia institución lo presenta como evidencia directa de que los componentes fundamentales del material genético pudieron generarse de forma bastante universal durante la formación del Sistema Solar.

Un archivo químico de los orígenes del Sistema Solar

La comparación con Bennu también importa. Los autores subrayan que es la segunda vez que se identifican las cinco nucleobases en un asteroide carbonáceo devuelto a la Tierra, lo que refuerza la idea de que Ryugu no es una rareza aislada. Aun así, las proporciones no son idénticas entre uno y otro cuerpo, y eso sugiere que cada asteroide ha seguido una historia química distinta, marcada por factores como el amoníaco, el agua, la temperatura o la radiación.

Lo interesante es que el trabajo no se limita a decir “hay moléculas orgánicas” y ya está. Los investigadores observaron una relación entre la proporción de purinas y pirimidinas y la abundancia de amoníaco, hasta el punto de proponer un nuevo indicador químico de cómo evolucionan estas nucleobases en entornos sin vida. Eso convierte a Ryugu en algo más que un escaparate de compuestos curiosos: lo vuelve un archivo químico sobre cómo pudo empezar la química prebiótica mucho antes de que existiera la biología.

Una pista poderosa, pero no una prueba definitiva del origen de la vida

Ahora bien, conviene no pasarse de épica. Encontrar las cinco bases del ADN y el ARN en un asteroide no demuestra que la vida surgiera en el espacio ni resuelve por sí solo el origen de la vida en la Tierra. Lo que sí demuestra es que moléculas clave para esa historia pueden formarse de manera natural en cuerpos extraterrestres muy antiguos. Varios expertos han insistido en esa lectura prudente, y algunos incluso destacan que otro compuesto hallado en las muestras, la urea, puede ser igual o más interesante que las propias nucleobases por su posible papel en la química prebiótica.

El resultado deja una conclusión poderosa, aunque menos sensacionalista que algunos titulares: el espacio no estaba vacío de química relevante cuando nació la Tierra.

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