Bajo la superficie aparentemente serena de la bahía de Chetumal, se esconde un enigma que ha fascinado a oceanógrafos y geólogos por igual. El agujero azul de Taam Ja’, un sumidero natural de proporciones colosales, ha revelado recientemente su magnitud: tras dos expediciones en diciembre de 2023, los científicos han confirmado que supera los 424 metros de profundidad, muy por encima de los 274 metros estimados previamente, y aún no se ha llegado al fondo.
Los primeros intentos de medición, basados en sonar, sugerían un perfil relativamente sencillo, pero pronto se hizo evidente que la complejidad del agujero desafiaba cualquier cálculo inicial. El sonar puede verse afectado por variaciones de temperatura, salinidad y la geometría irregular de la cavidad, lo que provoca ecos prematuros y lecturas engañosas. Para superar estas limitaciones, los investigadores recurrieron a un perfilador CTD (conductividad, temperatura y profundidad), que calcula la profundidad a partir de la presión del agua.
Durante dos descensos, el dispositivo alcanzó aproximadamente 416 metros en un intento y 423,6 en otro, sin llegar al fondo. Las corrientes y la forma inclinada del agujero sugieren que el instrumento no sigue una línea perfectamente vertical, lo que indica que la profundidad real podría ser incluso mayor.
Más allá de su tamaño, Taam Ja’ presenta una marcada estratificación. Las capas superiores corresponden a aguas templadas y poco salinas, propias de la bahía, mientras que a mayor profundidad la salinidad y la temperatura cambian abruptamente, formando bandas densas que permanecen separadas durante largos periodos. Esto sugiere que el agujero contiene aguas de distintos orígenes, algunas probablemente conectadas al mar Caribe, aunque no se han identificado túneles directos.
Los primeros buceos hasta 30 metros revelaron la estructura superior: paredes irregulares y frágiles cubiertas de biopelículas, que contrastan con la roca más firme de los niveles inferiores. La compleja forma del agujero, con cámaras y posibles estrechamientos, lo convierte en un laboratorio natural donde se acumulan sedimentos que registran tormentas pasadas, cambios climáticos y variaciones del nivel del mar.
La geología de la península de Yucatán, rica en caliza disoluble, hace plausible la existencia de sistemas de cuevas inundadas y corrientes de agua dulce y salada intrincadas. Los próximos pasos incluyen modelar el agujero en 3D, confirmar la verdadera profundidad y estudiar la estabilidad de sus capas, los compuestos químicos y la vida microbiana. Por ahora, Taam Ja’ sigue siendo un misterio: un agujero azul de más de 424 metros de diámetro que desafía la exploración completa.
