Durante décadas, los Emiratos Árabes Unidos han sido sinónimo de petróleo almacenado bajo la roca. Bóvedas subterráneas, túneles reforzados y reservas estratégicas profundas han definido la arquitectura energética del país. Hoy, esa misma mentalidad se aplica a un recurso aún más crítico: el agua potable.
Hay que olvidarse de las narrativas simplistas que hablan de “cuevas naturales llenas de agua”. Lo que ocurre. y parece que ocurrirá en los próximos años y décadas, es ingeniería pura: almacenamiento controlado de agua desalinizada en acuíferos profundos y embalses excavados bajo la superficie, integrados en la red urbana. Para Emiratos, es la seguridad hídrica a escala nacional en un mundo que necesita agua.
Agua vs. petróleo: Emiratos crean la mayor reserva mundial de agua desalinizada con 20 mil millones de litros bajo tierra
El modelo elegido es el conocido internacionalmente como Almacenamiento y Recuperación de Acuíferos (ASR). Plantas costeras de desalinización producen agua que se inyecta en formaciones geológicas profundas, reservorios naturales sellados por capas impermeables de roca. No son ríos subterráneos ni cuevas cóncavas: son tanques porosos que permiten almacenar enormes volúmenes con estabilidad térmica y protección física. Cuando hace falta, el agua vuelve al sistema urbano con calidad controlada.
A la par, los Emiratos construyen depósitos subterráneos excavados y revestidos, conectados directamente a la red de suministro, replicando el concepto de las reservas estratégicas de petróleo. En un entorno donde las temperaturas superan los 45 °C, los embalses superficiales pierden agua por evaporación, se salinizan o quedan expuestos a tormentas de arena. El subsuelo elimina todos esos riesgos: protege de la evaporación, de la contaminación, del calor extremo e incluso de sabotajes o conflictos.
En la práctica, el agua deja de ser un simple servicio público y pasa a ser un activo estratégico. Con más del 90% del agua potable proveniente de la desalinización, cualquier fallo en las plantas costeras podría colapsar el suministro. Gracias al almacenamiento subterráneo, los Emiratos cuentan con reservas suficientes para abastecer ciudades enteras durante semanas. La lógica es idéntica a la de los depósitos de petróleo: producir, almacenar y proteger, no solo consumir en tiempo real.
A nivel nacional, hablamos de decenas de miles de millones de litros distribuidos en sistemas monitorizados continuamente: presión, salinidad, integridad geológica, circulación y calidad del agua. No es improvisación, sino planificación estatal extrema. Hoy, si el país era el icono del petróleo, se ha transformado en laboratorio de adaptación hídrica. En un desierto sin ríos, el subsuelo se convierte en río, el agua en tesoro estratégico, y la ingeniería en garantía de supervivencia.















