China sigue avanzando en el desarrollo tecnológico mundial. Tras liderar en sectores como la inteligencia artificial y la cada vez más omnipresente robótica de consumo, la compañía china Mingyang Smart Energy acaba de firmar un nuevo récord en el mapa energético mundial: la turbina eólica marina más grande jamás construida.
Erigida frente a la provincia de Hainan, en pleno mar de China Meridional, la estructura alcanza los 242 metros de altura y equipa tres palas de 128 metros de longitud cada una, capaces de cubrir un área mayor que dos campos de fútbol. No solo se trata de un prodigio técnico —resiste ráfagas superiores a los 79 metros por segundo—, sino también de un paso decisivo en la estrategia de Pekín por dominar el futuro de las renovables. Pero hay voces críticas. Lo más llamativo es que su puesta en marcha ya ha generado un efecto inesperado: alteraciones en el microclima local.
China pone en marcha la turbina eólica marina más poderosa del planeta mientras los científicos advierten de un posible impacto en el clima terrestre
Si bien es sabido que los parques eólicos modifican los flujos de aire a pequeña escala, el tamaño inédito de esta turbina parece estar amplificando esos impactos. Los investigadores han empezado a analizar cómo infraestructuras de semejante envergadura podrían condicionar los patrones climáticos regionales, abriendo un debate sobre hasta dónde pueden llegar las consecuencias de una transición energética acelerada.
Según datos de EcoNews, la turbina —que entró oficialmente en servicio el 28 de agosto de 2024— ha sido instalada en un enclave escogido con precisión: un punto en el mar con vientos estables y suficiente distancia de la plataforma continental para maximizar su rendimiento. El resultado es una máquina capaz de entregar 20 megavatios de potencia, lo que equivale al consumo eléctrico anual de unas 96.000 viviendas.
Su eficiencia plantea otro cambio de paradigma: con menos turbinas puede lograrse la misma producción de energía que antes requería instalaciones mucho mayores. Eso sí, la ecuación no está exenta de matices: garantizar que semejante despliegue no afecte a los ecosistemas marinos y a la estabilidad térmica del entorno será un reto crucial.
La turbina de Hainan no es solo un icono de ingeniería; es también un símbolo del pulso global por las energías renovables y un recordatorio de que cada avance tecnológico trae consigo nuevas preguntas sobre el delicado equilibrio entre progreso y naturaleza.















