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Astrónomos observan una colisión planetaria a 11.000 años luz que desafía lo esperado: 'Es algo que jamás habíamos visto'

Los astrónomos identifican una colisión entre dos planetas a unos 11 años luz de la Tierra tras detectar cambios inesperados en el brillo de la estrella Gaia20ehk.
Astrónomos observan una colisión planetaria a 11.000 años luz que desafía lo esperado: 'Es algo que jamás habíamos visto'
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Actualizado: 9:30 22/3/2026

Los astrónomos han registrado un fenómeno extraordinario en las profundidades de la galaxia: la probable colisión entre dos planetas situados a unos 11.000 años luz de la Tierra. El hallazgo se produjo al analizar cambios inesperados en el brillo de la estrella Gaia20ehk, ubicada en la constelación de Puppis. Lo que en un principio parecía una simple anomalía luminosa terminó revelando un violento choque cósmico que generó una enorme nube de escombros incandescentes.

Durante años, esta estrella similar al Sol había mostrado un comportamiento estable. Su luminosidad se mantenía prácticamente constante, como ocurre con muchas estrellas de la secuencia principal. Sin embargo, los registros comenzaron a mostrar algo extraño: su brillo caía de forma repentina en intervalos breves, como si algo gigantesco estuviera pasando frente a ella.

Científicos confirman una violenta colisión planetaria a 11.000 años luz que desafía lo esperado en el Cosmos: 'Es algo que jamás habíamos visto'

El primero en notar estas variaciones fue Anastasios Tzanidakis, estudiante de doctorado en la Universidad de Washington. Al revisar los datos acumulados durante años, observó que a partir de 2016 la estrella había sufrido tres descensos abruptos de luminosidad. Más adelante, en 2021, las variaciones se volvieron todavía más caóticas, lo que sugería que algo inusual estaba ocurriendo en ese sistema estelar.

Cosmos y una colisión enorme

Los investigadores concluyeron que la estrella no era la responsable directa de las fluctuaciones. En realidad, su luz estaba siendo parcialmente bloqueada por una nube en expansión formada por polvo y fragmentos rocosos. Para comprobar esta hipótesis, el equipo recurrió a observaciones en el rango infrarrojo.

El choque definitivo pulverizó ambos planetas, expulsando al espacio una gigantesca nube de polvo y escombros

Los resultados fueron reveladores. Mientras la luz visible de la estrella disminuía, la señal infrarroja aumentaba con rapidez. Este patrón indicaba que el material que atravesaba la línea de visión estaba extremadamente caliente. Según Tzanidakis, los restos generados por el impacto alcanzaron temperaturas cercanas a los 900 Kelvin, unos 627 grados Celsius.

Este comportamiento térmico llevó a los astrónomos a una conclusión sorprendente: estaban presenciando las consecuencias de una colisión planetaria. Probablemente, los dos cuerpos celestes comenzaron a interactuar gravitacionalmente y a aproximarse en sus órbitas hasta desencadenar varios impactos parciales, registrados como las primeras caídas de brillo.

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Finalmente, el choque definitivo pulverizó ambos planetas, expulsando al espacio una gigantesca nube de polvo y escombros. El resplandor infrarrojo permitió estimar que la masa del material fino liberado es comparable a la de Encélado, la luna helada que orbita el planeta Saturno. Eventos de este tipo recuerdan al gran impacto que, según las teorías actuales, dio origen a la Luna cuando un cuerpo del tamaño de Marte chocó con la joven Tierra. Captar un proceso similar en otro sistema estelar ofrece una oportunidad excepcional para comprender cómo se forman planetas y satélites tras colisiones gigantescas en el universo.

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