El sol ha vuelto a encender las alarmas: entre el 10 y el 13 de noviembre, la Tierra podría recibir el impacto de una tormenta geomagnética provocada por dos llamaradas solares de extrema potencia. Se trata de las denominadas llamaradas X, la categoría más intensa y peligrosa que emite nuestro astro rey.
Estas explosiones no son un fenómeno aislado; el sol, de manera periódica, libera enormes cantidades de radiación y partículas cargadas que, al llegar a nuestro planeta, desencadenan lo que conocemos como tormentas solares o geomagnéticas. No todas las llamaradas son iguales: las X, como las registradas recientemente, tienen la capacidad de alterar directamente la atmósfera terrestre y afectar sistemas tecnológicos.
Alerta por la gran tormenta geomagnética: las llamaradas X del Sol amenazan numerosos satélites y redes eléctricas de todo el planeta
La primera de estas llamaradas se detectó el 9 de noviembre, según la NOAA (Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos), con una magnitud de 1.7. Apenas un día después, el 10 de noviembre, el sol lanzó otra de categoría X, ligeramente menor, con una magnitud de 1.2. Aunque su duración fue breve, su energía concentrada las convierte en eventos capaces de generar disrupciones significativas en la Tierra.
Entre las consecuencias más previsibles se incluyen interrupciones en las telecomunicaciones, alteraciones en redes eléctricas y, en los lugares más cercanos al norte de Canadá y Estados Unidos, la aparición de auroras boreales de gran intensidad, un espectáculo natural que ilumina el cielo con colores imposibles.
Las tormentas solares se producen cuando la masa coronaria expulsada por el sol colisiona con el campo magnético terrestre a alta velocidad, liberando partículas que no afectan directamente a los seres humanos, pero sí a la tecnología que usamos a diario. En situaciones extremas, incluso podrían dejar ciudades enteras sin electricidad. Aunque estas amenazas son periódicas, la vigilancia constante permite a los científicos anticipar su llegada y minimizar riesgos. Ya sea por precaución o por admiración del fenómeno, los cielos del hemisferio norte podrían ofrecernos un espectáculo único en los próximos días.















