Hace dos décadas, uno de los anuncios más icónicos —y a la vez más odiados— de la era del DVD advertía agresivamente: “No robarías un coche, no robarías un bolso… entonces no robarías una película”. La campaña antipiratería, reproducida antes de innumerables filmes en alquileres de Blockbuster o ventas en tiendas, pretendía equiparar la descarga ilegal de contenidos con delitos comunes.
Sin embargo, hoy ese mismo mensaje ha quedado envuelto en una irónica polémica: se acusa a los creadores de haber infringido derechos de autor en su propia producción. El foco del escándalo está en la fuente tipográfica utilizada en el vídeo, un elemento tan característico como inadvertido para la mayoría de los espectadores.
Investigaciones recientes revelan que la fuente utilizada guarda un parecido casi idéntico con la FF Confidential, diseñada en 1992 por el tipógrafo holandés Just van Rossum. Sin embargo, en la documentación oficial de la campaña no aparece ninguna referencia a Rossum ni a su obra, sino a una fuente distinta: XBand Rough, creada como una imitación no autorizada de la original para un videojuego a mediados de los noventa.
Uso indebido de propiedad intelectual
La situación plantea un caso claro de uso indebido de propiedad intelectual, según apuntan especialistas en derecho de autor consultados por Ars Technica en su análisis de 2025. Aunque el diseñador Van Rossum, quien estaba al tanto de la posible infracción, ha evitado hacer declaraciones públicas, su silencio no impide que el debate sobre la hipocresía cultural en torno a la protección de la creatividad vuelva al centro de la conversación. La paradoja es evidente: un vídeo concebido para disuadir el robo digital habría cometido exactamente aquello contra lo que pretendía advertir.
Esta revelación se suma a una tendencia creciente en el escrutinio de materiales de archivo, donde nuevas tecnologías de análisis de imágenes y fuentes permiten rastrear autorías y detectar plagios invisibles durante años. Organizaciones como Creative Commons y la Electronic Frontier Foundation han advertido que, aunque las campañas antipiratería pusieron el acento en la defensa de los derechos de los creadores, en la práctica no siempre respetaron los mismos principios éticos que promovían.















