No es solo otro juego de extracción cooperativo con terror: Grain Rot tiene muchas cosas originales
Un vistazo rápido a su tráiler o una lectura en vertical de su ficha de Steam puede llevar a equívocos. Grain Rot parecería el enésimo cooperativo de terror con humor que trata de aprovechar el tirón de Phasmophobia y R.E.P.O., pero su particular ambientación y la mezcla de mecánicas de extracción, construcción y decoración le hacen un hueco en un género muy abultado.
También, en comparación con otros juegos del estilo, destaca por tener un apartado técnico muy convincente, sobre todo el el trabajo de modelado, de texturizado. de iluminación y de físicas en tiempo real que influyen en la partida de diferentes maneras. No es fotorrealista, pero sí es detallado tanto en el entorno como en los personajes, ya sean los curiosos protagonistas o los inquietantes monstruos que esperan en las profundidades de las ruinas.
Esos protagonistas, los personajes que hasta cuatro jugadores manejan, aparentan ser robots de madera. Pero no somos el robot en sí, sino la chispa en su interior, que sobrevive refugiándose en frágiles receptáculos de madera a modo de cuerpos temporales. Por lo tanto, la muerte no es el final (lo que sin duda contribuye a trolear a los compañeros): al morir se maneja la chispa, que tiene un tiempo para encontrar y poseer otro receptáculo con habilidades diferentes... Aunque quizá convenga estar en forma de chispa para guiar al equipo en la oscuridad absoluta.
Unas ruinas cambiantes e inquietantes
En las partidas, los jugadores se aventuran en las cambiantes ruinas subterráneas para participar en una mudanza muy particular. El objetivo es encontrar muebles que utilizar de dos maneras diferentes: o romperlos para conseguir recursos o meterlos en la destructora que hay en cada fase para obtener oro. Pero no nos llevaremos nada de eso si no huimos del nivel, si no nos extraemos. Por supuesto, no será tarea fácil.
En los angostos pasillos, en las habitaciones sin iluminación y en las salas resquebrajadas con huecos que conducen al vacío esperan toda clase de peligros. Hay receptáculos corruptos que reaccionan a los sonidos y a los movimientos de los jugadores. Maniquís que corren de manera espeluznante, altos portadores de la plaga, arañas parecidas a Babyface de Toy Story y otros monstruos de los que esconderse, de los que huir o, si nos atrevemos, a los que enfrentar.
Hay una amplia variedad de armas cuerpo a cuerpo y distancia, tan originales como el resto de la ambientación: pistolas de agua extrañas, sierras mecánicas, espadas afiladas, una especie de UZI, aparatos útiles como un tambor para atraer a los enemigos e incluso patadas voladoras. Además, hay mecánicas de construcción a lo Fortnite: por ejemplo, se puede crear rápidamente una estantería para frenar a un monstruo que nos persigue por un pasillo.

Para hacerse con ese equipamiento no hay otra que adentrarse en los niveles aleatorios. En la base de operaciones se encuentra un ascensor que lleva a los jugadores a las ruinas, pero nunca se sabe a qué lugar concreto de las mismas, pues al accionarlo se aleatorizan tres variables, como el entorno y el tipo de enemigos, lo que contribuye a la variedad, la rejugabilidad y a la impredecibilidad.
La meta: reconstruir un lugar al que llamar hogar
De esas incursiones se sale, si se tiene éxito, con los recursos necesarios para el objetivo real. La meta no es pertrecharse de armas o hacer frente a enemigos cada vez más duros, sino dar forma a un lugar al que queramos llamar hogar. Esto es, personalizar la destartalada base de operaciones del principio con muebles interactivos y decoraciones que colocar donde prefiramos. A la vez se desbloquean mejoras de estadísticas, supervivientes rescatados con los que charlar y cosas que facilitan las siguientes partidas.

Para conseguirlo todo habrá que explorar a fondo las ruinas. Cuando más se adentra uno en las Capas Profundas, peores serán los efectos de la podredumbre que las asolan: las voces de los jugadores se distorsionan (se recomienda utilizar el chat de voz por proximidad integrado), los cuerpos se transforman de maneras grotescas e impredecibles y los gestos de los jugadores se tornan más asquerosos.
Fue de los más jugados en el Next Fest de junio
Grain Rot se ha lanzado en Steam al competitivo precio de 10 euros, pero hasta el 21 de agosto cuesta 8,99 €. El primer juego de Beck & Branch Games y de la editora Neem Interactive está traducido al español de Hispanoamérica, pero las voces solo están en inglés. No le va nada mal en la plataforma de Valve: tras ser uno de los títulos más populares del Steam Next Fest de junio, ahora ha superado los 7000 jugadores concurrentes y tiene reseñas "muy positivas".


















