Primero llegaron las dos entregas originales, Duke Nukem y Duke Nukem II, juegos de plataformas y acción bidimensionales, pero no sería hasta el salto a las tres dimensiones con Duke Nukem 3D, cuando la franquicia pasaría de ser relativamente popular a convertirse en una auténtica leyenda; uno de los productos más conocidos, queridos y peculiares de la década de los noventa. Hablamos más concretamente de 1996, una época en la que títulos del calibre de Doom, Quake y Wolfenstein 3D habían ya popularizado un género que, como seguramente ya sabréis, acabaría convirtiéndose en un estándar de la industria del videojuego. Lo haría de la mano de un prototípico macho estadounidense, con toques de erotismo gratuito y de humor negro con el que buscaba parodiar la cultura pop cinematográfica de aquel entonces.
Lo hizo basándose en un sentido del humor inspirado en obras de reconocido prestigio como Aliens, 2001: A Space Odyssey (ese monolito con el que completamos el segundo episodio…) o Pulp Fiction; con una ambientación y un tono tan irreverentes como la actitud de su carismático héroe, Duke Nukem, un rubio cachas capaz de patear culos de policías convertidos en alienígenas (entre otros) cuyo único propósito es devolver la paz al mundo para así poder disfrutar de sus merecidas vacaciones. Todo ello con la ayuda de armas de gran calibre y, sobre todo, con la fuerza de sus patadones, una de las principales características de su incontestable e inagotable nivel de testosterona.
Mucho más que una simple parodia
Para que un videojuego con esta premisa triunfe en cualquier época, independientemente de cual sea, tiene que ofrecer algo más que una simple parodia, y eso es precisamente lo que consiguieron sus creadores, 3D Realms, un estudio al que se le conoce hoy en día sobre todo por haber protagonizado uno de los desarrollos más surrealistas de la historia de esta industria, con el ya histórico anuncio de una secuela en 1997, Duke Nukem Forever, que no vería la luz hasta 2011 a manos de otro estudio, Gearbox Software.

A pesar de haberse convertido en carne de meme durante años, 3D Realms acertó de lleno en su intento por crear un juego tridimensional de disparos en primera persona. No solo, como decimos, por su peculiar sentido del humor, sino más concretamente por ofrecer escenarios que permitían interactuar con muchos de sus objetos o simplemente ser destruidos si así nos apetecía; mapas plagados de secretos que ampliaban las posibilidades de volver a disfrutar de los episodios escogiendo distintos senderos o atajos ocultos y un número de accesorios con los que mejoraba durante un tiempo limitado la velocidad de Duke Nukem, como los polémicos esteroides que tantas ampollas levantaron entre el público más conservador.
Un juego, distintas formas de disfrutarlo
Como todo buen título de los noventa, el enorme éxito que obtuvo sirvió como excusa para lanzar distintas ampliaciones con las que ofrecían nuevos mapas. Pese a carecer de un argumento digno de ser resumido en estas líneas, Duke Nukem 3D se las ingenia constantemente para llevarnos a los lugares más rocambolescos que podamos imaginar, en un auténtico festival de disparates que, además de encajar a la perfección con el sentido del humor de la franquicia, se dejaba querer gracias a la enorme imaginación de la que hicieron gala sus creadores mientras seguían exprimiendo la gallina de los huevos de oro.

Tampoco es de extrañar que el pequeño grupo de desarrolladores que se encontró con un éxito repentino quisiese sacar tajada del momento, sobre todo teniendo en cuenta que el título original fue creado en dos años por un número aproximado de diez personas y por un precio que rondaría los trescientos mil dólares. Si tenemos en cuenta que para finales del siglo pasado las ventas del juego ya tocaban el millón de copias, es fácil entender el porqué de la enorme repercusión que este título tuvo entre los adolescentes (y no tan adolescentes) que descubrieron el poder de un sobremesa. Sobra decir que con el paso del tiempo, el juego vería la luz en un buen puñado de plataformas, manteniendo siempre su personalidad como principal carta de presentación.
¡Larga vida a Duke!
La mejor forma de disfrutar hoy de las aventuras de Duke Nukem se encuentra en la última (y supuestamente definitiva, aunque nunca se sabe lo que nos puede deparar el futuro) versión que ha aparecido en el mercado a modo de recopilatorio con un quinto episodio que incluye siete nuevos niveles creados por Richard Grey y Allen Blum III, dos de los desarrolladores que formaban parte del equipo original que creó la edición de 1996. La denominada Duke Nukem 3D: 20th Anniversary World Tour incluye también interesantes novedades gráficas, audiocomentarios de los creadores con todo tipo de anécdotas (aunque tendremos que afinar el oído para entender lo que dicen en inglés y sin subtítulos) y algún que otro extra adicional de menor importancia. Las imágenes que podéis ver en este artículo pertenecen a esta versión.

Esta edición vino a sustituir a Duke Nukem 3D: Megaton Edition, que a la postre sería descatalogada pero que sirvió como base para esta última experiencia que podemos adquirir hoy en día si queremos recordar, revivir o descubrir por primera vez por qué el peculiar sentido del humor de su protagonista y sus elaborados mapeados conquistaron a toda una generación de jugadores. Larga vida a Duke.















