Es posible que no hayáis dedicado unos segundos de atención al cuadro de honor de los caretos licenciados en Bamdal. Demos un vistazo a la orla:
Efectivamente, le tenemos aquí. No superó las pruebas necesarias para entrar en el selecto grupo, pero a pesar de eso está entre nosotros.
Su tamaño craneal es más pequeño que el resto, como podéis observar. A veces se ríe y no sabe de qué. Estamos ante un claro caso de usurpación de identidad, como remite un mail que me ha llegado del verdadero emoticono, que ha pasado estos últimos 10 años encerrado en una caja de galletas atada con cuerda de esparto. Ha conseguido salir de milagro:
Sin dientes de leche, todos perfectamente alienados, y esa carcajada bonachona, ¡este es el verdadero

!
Todos los que sentían morriña por no disponer de un careto de risoterapia que les identificase, hoy pueden alegrarse, ¡vuelve el hijo pródigo!.