Han pasado 5 años más de lo que en un primer momento creí que tardaría, pero finalmente el esfuerzo ha dado sus frutos. Hoy (quien dice hoy dice hace dos semanas) he terminado al fin con el modo historia del Grand Theft Auto: San Andreas de PC (a partir de ahora GTA: SA para abreviar). He de admitirlo, no las tenía todas conmigo en esta última partida, pues el mando que uso para el PC no me lo reconocía y solo pude jugar con 7 botones y el joystick izquierdo (sí, no pude controlar la cámara en ningún momento) y sabía que esta sería la tercera vez que me planteaba la titánica tarea de completar este juego. Si las otras dos veces, con más tiempo y un mando funcional me había rendido, ¿cómo iba a terminarlo esta vez? Aún así, decidí intentarlo. Esta vez lo conseguí.
Cualquiera que me lea pensará (en caso de desconocer esta saga) que se trata de un juego dificilísimo solo apto para los mejores. Nada más lejos de la realidad. En general, GTA:SA es un juego fácil que se puede terminar (que no completar) sin demasiadas dificultades gracias a la infinidad de trucos para aligerar la vida del jugador que posee. ¿Dónde estaba el problema entonces? En mi propia actitud.
El año en que nació este juego yo contaba con apenas 11 primaveras. De aquella lo más violento que había tocado era el Jack 3, así que cuando se dio el boom de ese juego me pilló un tanto desprevenido. ¿Cómo era posible que todos los críos del cole que no tenían ni puta idea de videojuegos estuvieran pasándoselo teta con un juego de matar putas? No lo comprendía. Así, en cuanto tuve la posibilidad le pedí una copia a un amigo y, tras un intercambio de Verbatim (era mi época piratilla, ¿vale?), ya tenía en mis manos el tan cacareado sandbox. La decepción no pudo ser mayor.
¿Qué coño era aquello? Todo el mundo me decía que el juego iba de robar coches, matar gente y... matar más gente, y cada vez que hacía eso me atrapaba la policía, aparecían unos matados de otra banda y me tiroteaban o directamente me estrellaba con el coche y acababa en el hospital. Además, las misiones no ayudaban mucho: que si recoge al gordo de Smoke y llévalo a comparar pollo, que si persigue el tren, que si vamos a pintar grafitis... total, que acabé devolviéndoselo asqueado.
Mi amigo, sorprendido por lo rápido que se lo había entregado, me preguntó qué había sucedido y le expliqué mis peripecias. Divertido, me dijo que la gracia del juego estaba en los trucos, que si invencibilidad, armas, coches voladores... de todo vamos. Así, me hizo prometer que algún día le daría otra oportunidad. No demasiado convencido, acepté y a los pocos meses estaba de nuevo con el mando en las manos. Esta vez, ya sobre aviso, decidí darme a los trucos y la cosa mejoró... por poco tiempo. Una vez llevas a un CJ (Carl Johnson, nombre del protagonista) invencible se va la gracia por el retrete. De la que llegué a cierta fase donde mi habilidad quedaba en segundo plano ante la incompetencia de la IA (sí Ryder, te miro a ti y tu idea de saquear al ejército, puto inútil) decidí dejarlo de lado y no volví a tocar el San Andreas durante años.
Así, con el paso del tiempo caté algún que otro GTA (siempre en Sparrow´s edition, por supuesto) y llegaba siempre a la misma conclusión: demasiado simples, nada que un par de repeticiones del truco de munición no pudiera evitar. Pese a esta tendencia negativa hacia la sga estrella de Rockstar, había un juego de su producción que me llamaba poderosamente la atención: Bully, también conocido como Canis canem edit. Cuando este año lo caté al fin me quedé encantado y, a recomendación popular, decidí a la saga GTA otra oportunidad dar.
Fue Steam el causante de este artículo, pues gracias a él conseguí Bully y la saga completa GTA por tan solo 7€. Ante tal oferta, decidí jugármela: si me gustaba, genial, tendría más juegos de la saga por completar; si no, pues tampoco perdería tanto dinero. Con esto en mente comencé a jugarlo, con más problemas que alegrías. Primero el mando no me iba bien, luego me encontré con que tenía que volver a superar varias misiones aburridísimas del principio del juego que ya superara en dos ocasiones, después eché en falta aquellas armas que conseguía con trucos (esta vez decidí pasármelo limpiamente)... pero con todo ello, me lo pasé genial. El juego tardó en arrancar, pero de la que obtuve libertad de viajar (ya no digo a todas las ciudades, sino más bien de la que pude salir cómodamente de Los Santos) empezó la diversión. ¿Que no quería seguir la historia principal? Pues me cogía una bicibleta y por el monte me iba a saltar. ¿Que me aburría de tantos brincos dar? Pues me ponía a ligar. ¿Que las chicas me daban calabazas? Pues conducía sin más, que menuda gozada era viajar sin rumbo fijo por todo el estado de San Andreas.
Solo por la combinación avión+KDST ya valió la pena el haberlo comprado.
Aún así, mentiría (y mucho) si dijese que solo me lo he pasado bien con este juego, pues tiene varios errores realmente porculeros. Por ejemplo, tener que repetir na misión entera por una tontería fuera de nuestro control. Pondré de ejemplo cierta fase en un lugar conocido como "Calígula", que no dudo que los que lo hayan pasado olvidasen. Veréis, ¿recordáis cuando tenéis que coger un paracaídas? Pues mi querido CJ se negó a agarrar el paracaídas. Por mucho tiempo que pasé ahí no lo recogió del suelo (tiempo durante el cual los enemigos se dedicaban a dispararme). A sabiendas de que era saltar o morir, decidí arriesgarme a saltar... y sobreviví. Pero por mucho de haber recorrido esa zona el juego no procesó el cambio de objetivo, impidiéndome continuar con la misión y teniendo por ello que apagar y reiniciar todo el recorrido.
Más ejemplos. Tú haces una partida perfecta. El NPC que te acompaña comienza a correr como un loco contra los enemigos. Lo matan. Misión fallida. Hora de recorrer de nuevo todo el camino hasta el inicio de la misión (lo cual puede ser realmente molesto cuando no sucede por un fallo tuyo sino de la IA). Persigues un tren en moto. Tu compañero dispara a los que están en el techo y tú debes estar en todo momento junto al tren de marras. Repites la misión 15 veces porque el ciego de tu compañero no ha acertado una sola bala. Haces una guerra de bandas. Tus enemigos huyen de la zona y se quedan quietos en la lejanía, lugar donde no puedes dispararles pero tampoco terminar la misión. Vas hacia ellos para terminarla. Te salta el mensaje de "Has abandonado la zona de guerra, has huido de la batalla". Learning to fly. Con esto no intento decir que el juego esté lleno de errores; solo que hay más de una y tres cosas que le vendría realmente bien haber corregido antes de salir a la venta o en sucesivas entregas (no sé si será el caso, pues solo he jugado al Chinatown wars de NDS).
Si ampliáis esta foto podréis "admirar" las texturas de este juego en mi PC...
Además, a nivel visual no era gran cosa ni para la época (¿qué coño le pasa a CJ en la nuca cuando se está probando ropa? mirad esta foto para entender a lo que me refiero) y veo una curva de dificultad muy, muy mal ajustada. Así, pasamos de unas misiones facilísimas a un par de ellas complicadas a otras 4 o 5 horas de misiones chupadas para de golpe meternos la mentada Learning to fly, la cual nos pide un dominio del avión absurdo, pues luego no necesitaremos en ningún momento un grado de precisión tan alto como el pedido ahí, cosa que me parece extrañísima. ¿Porqué no poner solo media misión y dejar lo más avanzado para el que quisiera en lugar de tener que tragarse todas las pruebas para poder terminar la historia principal?
Pero no todo son cosas malas. Tal y como decía al principio, me lo he pasado realmente bien con este juego en varios momentos, y eso es lo más importante a la hora de valorar una obra de este tipo. Del mismo modo que acabo de nombrar sus defectos, es mi deber decir que posee una OST realmente bestial con más de 150 canciones reales de la época, una cantidad de contenido inmensa (100 grafitis, 50 ostras, 50 herraduras, 50 fotos, 70 saltos únicos, más de 10 subtipos de misiones de vehículo, novias, guerras de bandas, competiciones de conducción... y todo esto sin hablar de los mods creados por la comunidad de jugadores...), un enorme estado para recorrer con libertad, multitud de vehículos por llevar...
En definitiva, el juego me ha sorprendido muy gratamente, sobre todo por ser la tercera vez que me lo intento pasar. Quien sabe, quizás al final hasta acabe siendo fan de la saga. Por ahora me quedaré en San Andreas, que todavía hay un alto porcentaje de objetos por encontrar en mi partida. Eso sí, soy incapaz de cerrar esto sin antes decir una cosa: ¿Porqué no podemos repetir misiones? Habría sido una idea genial darnos la oportunidad e repetir las misiones del modo historia cuando nos apeteciese, pues ahora que he terminado ese modo hecho en falta ese toquecito loco que poseían las misiones del modo historia y del que carece el resto del juego.
Antes de empezar, querría recalcar que la versión que jugué fue la Scolarship, pues posee algunas clases extra y mejoras de texturas y cargas que puede que hayan influido sin que me diera cuenta en en mi opinión final.
Quizás lo sepáis, pero jamás me he terminado un GTA tridimensional. Los sandbox de rockstar tienen la extraña capacidad de hacérseme tremendamente soporíferos y repetitivos a las pocas horas de juego, reduciéndoseme a un "conduce-dispara" que no tarda en quitarme las ganas de continuarlos. Pese a ello, cuando anunciaron Bully me picó la curiosidad. Un sandbox de instituto, sin pistolas y bajo la atenta supervisión de un gran grupo de monitores dispuestos a castigarme a la primera gamberrada. Tenía que probarlo.
Aún así, el juego se hizo de rogar. Cuando salió en PS2 tenía otras prioridades, así que descarté gastar 60€ en él. Para cuando lo portearon a Wii y la 360 estaba muy entretanido con el Tales of symphonia, con lo que volví a pasar de él. La verdad, ya me había olvidado de este juego por completo, siendo total culpa de Steam que lo llegara a probar, pues sus típicamente increibles ofertas me lo sirvieron en bandeja estas navidades. Y cómo lo disfruté.
La historia nos pone en la piel de Jimmy Hopkins, el típico gamberro de instituto al que ya han expulsado de la mitad de colegios del país. Por ello, cuando su madre se casa por tercera (o cuarta) vez y se larga durante un año de luna de miel, decide enviarle a la academia Bullworth, una de las más duras del país. Poco pasará antes de que Jimmy comience a ser víctica del acoso tanto de alumnos como de profesores, con lo que decidirá meterse de lleno en el mundo del bully (acoso escolar) a fin de ser su nuevo líder y romper definitivamente con esa cadena de abusos a los demás.
De este modo comienza uno de los juegos más atípicos que he probado nunca. En Bully no hay armas de fuego, monstruos o sangre. Simplemente somos un chaval que hará todo lo posible por convertir ese colegio en un lugar justo para todos empleando lo que tenga a mano, ya sea un tirachinas, la tapa de un cubo de basura o una cartel de "Patéame". Para esto, a lo largo de misiones al estilo GTA (veréis muchas referencias a esta saga en el artículo) plantaremos cara a todas las tribus urbanas del internado (pijos, musculitos, nerds...) y a los profesores corruptos del mismo sin dudar un momento en tomar cuantas medidas hagan falta.
Teniendo este objetivo en mente deberemos adaptarnos al sistema escolar, pues Bullworth es un centro educativo con clases diarias, a las cuales podemos faltar siempre y cuando no nos cojan los monitores del centro, pues nos enviarán directos al aula o, en caso de ser reincidentes, a una zona de castigo. Serán estos mismos monitores los que nos vigilarán de no caer en la tentación de rebajarnos al nivel de nuestros compañeros, pues en caso de agredir o acosar a alguien nos perseguirán sin descanso por toda la zona.
Gary, de los mejores personajes del juego.
Por si esto fuera poco, Bully cuenta con un sistema de combate realmente satisfactorio basado sobre todo en el empleo del cuerpo a cuerpo antes que en las armas. Así, podremos realizar agarres, patadas, derribos y mofas a cualquier estudiante o adulto que quiera medir sus fuerzas con nosotros. Es cierto que a la hora de luchar contra muchos enemigos se puede hacer algo confuso, pero en esos momentos será cuando debamos tirar de ingenio para salirnos con la nuestra, siendo algo habitual tanto el empleo de los objetos que nos rodean para atacar como el realizar estrategias defensivas de cara a recuperar el control de la situación (tirar una bomba fétida para aturdirlos y huir, lanzar canicas para que caigan y atacar a los que se mantengan en pie, pagar a algunos matones para que nos hagan de guardaespaldas, huir hacia un monitor y que él se haga cargo de los abusones...).
Pero no está ahí la grandeza de Bully. Canis canem edit (título con el que nos llegó a España) cuenta con un humor típicamente GTA (personajes alocados, situaciones absurdísimas) empleando cuanto tópico estudiantil se encuentre: partidos de fútbol americano, competiciones de popularidad, incursiones en la residencia femenina, la posibilidad de flirtear con las ocupantes de la misma... todo ello nos hará sentirnos como un chaval de 15 años que recordará se año como el más alocado y divertido de su vida.
Pero ojo, todavía me falta por decir una cosa. Sí, Bully es un juego descojonante que tiene personajes y escenas para la posteridad, pero también muestra algo que echaba en falta en muchos juegos: las consecuencias de nuestras acciones. No hablo del típico "como eres malo te persigue la policía", sino de ver cómo la gamberrada que hiciste en una misión para vengarte de ciertos alumnos le ha arruinado la vida a una persona inocente, causándonos auténtico arrepentimiento la escena y sintiéndonos los responsables de hacer algo para subsanar nuestros errores, demostrando una vez más que Bully es una durísima crítica social al acoso escolar.
Con todo, Bully no está ni de lejos exento de defectos: un apartado sonoro pobre (la variedad de canciones es muy baja), un final treméndamente corto e insulso (algo sobre todo doloroso de ver tras unas fases finales simplemente apoteósicas, dejándonos una sensación de "¿Cómo puede haberse terminado ya?" bastante desagradable) y sobre todo la sensación de que, una vez hecho todo, no hay nada que hacer. Esperad que me explico.
Normalmente, al acabar un juego nos quedan más cosas que hacer, ya sea repetir misiones, zonas y/o jefes secretos o simplemente hacer misiones alternativas. En Bully no. Una vez terminada la historia principal solo podremos completar las clases que nos falten (probablemente una o dos), recolectar los coleccionables (bastante fáciles y rápidos de encontrar), hacer carreras (las cuales no podremos repetir una vez hechas, solo la última de cada competición) o hacer recados de la gente (siendo la mayoría de pelea o búsqueda de objetos). Todo ello apenas alargan la vida útil del juego una o dos horas, siendo una auténtica lástima que el juego no nos de la oportunidad de repetir las fases del modo historia o las competiciones en las que hemos participado siempre que nos apetezca.
Aún así, Bully ha resultado ser una de las propuestas más divertidas que he probado en los últimos meses, reconciliándome de cierto modo con los sandbox de Rockstar, pues gracias a él he decidido ahora intentar sacarme cierta espinita que tengo clavada desde hace mucho tiempo: completar San Andreas. ¿Lo conseguiré? Solo el tiempo lo dirá. De lo que si estoy seguro es que Bully es el juego perfecto para gente que no está acostumbrada a los sandbox, pues su pequeña ciudad se va abriendo a una realmente buena, de modo que nunca tenemos la sensación de sentirnos encerrados en la ciudad de Bullworth, algo realmente elogiable cuando esa ciudad, al final del juego, es muchísimo más pequeña que la primera zona que visitamos en San Andreas.