StarRupture es el nuevo juego de supervivencia y ciencia ficción de Creepy Jar (Green Hell) que ya se perfila como imprescindible en su acceso anticipado al mezclar mecánicas clásicas del género con opciones de automatización estilo Factorio. En Vandal lo hemos podido jugar durante unas horas y vamos a contaros nuestras primeras impresiones de un título que poco a poco va sumando adeptos superando los 40.000 jugadores en Steam.
Un inicio que recuerda a la salida al Yermo en Fallout 3
Desde luego, la premisa de StarRupture atrapa rápido. Después de elegir entre uno de los cuatro personajes disponibles, cada uno con un breve trasfondo y —de manera poco habitual en los videojuegos de supervivencia— un nombre propio, sales de la cámara de criogenización. Apareces en un pequeño espacio metálico, futurista, monótono. Rapiñas los recursos que hay en el almacén y abres la puerta. De una manera que rememora a cuando sales al yermo en Fallout 3, ante ti, un planeta alienígena extraño, vasto, colorido. Incluso bonito. Pero la belleza contrasta con la situación que propone StarRupture.
Al fin y al cabo, eres un preso. Sin grilletes visibles, sin traje a rayas y con libertad de movimiento. Pero un preso al fin y al cabo. Eres uno de los elegidos por una corporación, que no se trae nada bueno entre manos, para extraer recursos del planeta Arcadia, venderlos a otras empresas de ética dudosa a cambio de más recursos, y quién sabe, quizá conseguir que este planeta inhóspito se convierta en un lugar habitable para quienes quedan en la Tierra.
Puede que no sea la premisa más innovadora en uno de los géneros más populares de Steam y en alza desde hace más de un lustro, el survival de mundo abierto basado en sistemas de progresión a largo plazo, pero se nota que Creepy Jar lleva seis años trabajando en su exitoso Green Hell y que conocen el género, las virtudes y las carencias de sus competidores, y los gustos del público y de quienes podrían formar parte de él.
Construcción y fabricación intuitivas y ágiles
Resalta lo satisfactorio que es desde un primer momento. También lo inmediato. Aquí el pico y pala se sustituye por un cañón láser de mano que extrae el mineral al que se apunta sin demasiada espera, sin tedio. La inteligencia artificial que nos habla sin cesar durante el tutorial no tarda en decirnos que debemos construir un hábitat, nuestro hogar (o el primero de ellos) en Arcadia. Nada de poner paneles uno a uno y de tener que gestionar varios recursos diferentes. Con otra herramienta, seleccionamos el edificio, apuntamos a donde lo queremos poner, y ¡puf!, aparece inmediatamente esa caja metálica que a posteriori personalizaremos, ampliaremos y llenaremos de ordenadores, cámaras de regeneración y otros instrumentos.
Porque aquí, recordemos, no estamos para admirar el paisaje, bonito, pero de momento, poco diverso. Aquí hemos venido a trabajar, a enviar recursos a la Tierra. Y es muy gustoso por lo ágil y comprensible que es. La energía necesaria se obtiene construyendo paneles solares que se encajan, cual imanes, al edificio cercano; y esa energía se transmite entre edificios automáticamente siempre y cuando estén dentro de una cuadrícula, sin importar si uno está más alto que otro, lo que motiva el diseño creativo de la base y facilita lidiar con el terreno.
Tras unos minutos de partida ya habíamos construido el ordenador desde el que aceptar encargos (al principio solo de la compañía que hace de tutorial, después de otras cinco) y una de las lanzaderas desde las que seleccionamos a qué corporación enviar qué recurso; conforme lo hacemos, sube nuestro nivel con esa empresa, lo que nos desbloquea nuevas edificaciones, utensilios y materiales. Todo ello con la misma facilidad que el hábitat. Y lo mismo hicimos con la mina, que extrae automáticamente (siempre y cuando le llegue energía) el mineral sobre el que la hayas construido.
La cosa se pone realmente interesante y estimulante, con un claro sabor a Factorio y Satisfactory, cuando desbloqueas los raíles. Puedes llevar a mano los materiales de la mina a la lanzadera, pero también puedes conectar un raíl entre los dos edificios para que el proceso se automatice. Siempre y cuando no haya cosas entre medias que impidan la conexión, lo que en nuestra infinita torpeza nos ocurrió en más de una ocasión, pero por suerte la herramienta de destrucción es tan sencilla y versátil como la de fabricación. ¡Incluso te devuelve todos los recursos utilizados!
Peligros alienígenas
En esas estábamos, en lo de trastear con los edificios desbloqueados y los raíles, cuando empezó a azuzar la sed, primero, y el hambre, después. Casi se nos había olvidado que StarRupture es un videojuego de supervivencia. Tocaba alejarnos un poquito para cosechar las plantas cercanas, que aún no podíamos procesar, pero sí consumir. El paseo nos hizo descubrir que no éramos los primeros. Antenas desvencijadas. Comida procesada. Cadáveres en los huesos. PDA que cuentan historias y dan forma a este universo de corporaciones, gente desesperada y maltratada, y un planeta misterioso, Arcadia, y otro planeta rodeado de misterio, la Tierra.
Cesados los rugidos de la tripa y la sequedad de la garganta, volvimos al enclave metálico, futurista, áspero y ajeno, en medio de la naturaleza alienígena, que empezaba a ser nuestro hogar. Comenzamos a desbloquear otras edificaciones. Una procesaba el mineral que le llevábamos. Otra, la fabricadora, hacía lo que su nombre indica: crear tubos de metal, paneles y otros objetos que, al menos de momento, no son para nosotros, sino para enviarlos a la Tierra mediante las lanzaderas, que ya eran varias.
Ahí estábamos, tranquilos, disfrutando incluso de la exploración sin reparos de un planeta del que sabíamos bien poco, cuando llegó el aviso. Rojo, encima. Temiéndonos lo peor, nos resguardamos en nuestro hábitat, que ahora se componía de varias estancias conectadas en vertical y horizontal, con escaleras y pasillos, y con ventanas que habíamos colocado con tremenda facilidad. A través de ellas lo vimos. Vino lo peor. El cielo se tornó rojo, después llegaron los temblores, y al final, una ola de fuego que amenazaba con arrasarlo todo. Unos minutos después, pudimos salir. Todos nuestros edificios y máquinas estaban intactos. Las corporaciones que los fabricaron sabían que esto iba a pasar. Y que volvería a hacerlo.
Siempre con la tensión de que ese momento nos pille lejos del hábitat, continuamos trabajando en nuestra cadena de suministro. Más lanzaderas. Más minas. Más fabricadoras. Más metal. Todo ello conectado por raíles, que con los postes recién desbloqueados, se dividían en diferentes rutas, algo tremendamente satisfactorio de colocar, pensar y diseñar. Nuestro input tan solo era requerido cuando nos confundíamos al conectar uno de los raíles, para aceptar nuevos encargos, para desbloquear las recompensas al subir de nivel con las corporaciones, y por supuesto, para construir más y más.
Supervivencia con historia
Tan atrapados estábamos en el proceso que olvidamos, de nuevo, la supervivencia: el hambre y la sed. La tormenta de fuego había arrasado con los pocos frutos que quedaban a nuestro alrededor. Tocaba alejarse y aventurarse más allá. Pero no estábamos solos o, al menos, no del todo. Hacía ya tiempo que la inteligencia artificial que nos guiaba por el tutorial ya no hablaba tanto. En Arcadia hay, al menos, otros tres presos como nosotros. Se puede jugar en cooperativo para cuatro jugadores (durante el acceso anticipado añadirán la opción de crear partidas con reglas personalizadas), pero al jugar en solitario, hay conversaciones habituales entre nosotros y los otros tres presos que nos daban a elegir al principio de la partida. Quizá la cháchara mediante la radio pueda hacerse pesada para quien venga a los juegos de supervivencia a estar con sus pensamientos en un mundo donde la vida es ardua, pero creemos que le da un toque único a StarRupture —aunque las conversaciones, de momento, no son las más interesantes—.
Pero lo dicho, tocaba explorar de nuevo en busca de recursos. Solo que esta vez llevábamos una pistola en el inventario. Un arma que no tardamos en tener que utilizar. El bestiario alienígena, al menos el que nos hemos encontrado en el acceso anticipado, es poco variado, pero estos insectos gigantes, algunos incesantes y otros explosivos, atacan en multitud. No son los enemigos más estimulantes a los que nos hemos enfrentado en un videojuego, pero su manera de moverse y sobre todo el satisfactorio gunplay consiguen que los combates sean divertidos. Menos mal que es así, porque los hubo en cantidad cuando nos adentramos en lo que parecía ser una base, como la nuestra, abandonada. Tuvimos que huir de allí, pero con útiles recursos y consumibles en el inventario, y nuevos conocimientos (y dudas) de lo que llevaba tiempo ocurriendo en este planeta.
Seguimos un buen rato entretenidos en el bucle habitual del género, el desbloqueo de nuevos recursos para fabricar nuevos edificios o materiales con los que poder desbloquear otros recursos inéditos. Un bucle que aquí es más ágil que en otros juegos de supervivencia y que, por cómo funciona la fabricación y la recolección, es muy gustoso. Pero tras instalar una escalera de mano en el exterior de nuestro ya inmenso hábitat y subir a lo más alto, divisamos una gran antena a lo lejos. Allá fuimos. Al activarla, tuvimos que resistir a oleadas de los mencionados insectos gigantes. Una vez vencimos, cual torre de Assassin’s Creed, se desbloquearon multitud de puntos de interés en el mapa. Un mapa al que no habíamos prestado apenas atención y que ahora nos hacía ver que Arcadia es mucho más de lo que habíamos visto, que es gigante, y que ya en el acceso anticipado hay contenido para decenas de horas.
Lo que llegará durante un año de acceso anticipado
StarRupture ha llegado en acceso anticipado pulido, con unas mecánicas satisfactorias, con un mundo grande y con un trasfondo narrativo (algo que en este tipo de juegos, si lo hay, suele tardar en presentarse y desarrollarse). Es un lanzamiento tan sólido ya que, si los planes de Creepy Jar salen bien, tiene los mimbres para ser, a futuro, uno de los grandes de la supervivencia.
Durante el año aproximado que permanecerá en early access mejorarán el rendimiento (en nuestro equipo, descrito al final de estas líneas, ha funcionado a más de 70 FPS con ajustes en alto a 1440p), de las mecánicas de construcción, de combate, de mundo y de interfaz; se ampliará el mapa y se añadirán compatibilidad con mando, nuevas mecánicas de exploración y más elementos de historia; y en la versión 1.0, nuevos entornos, todavía más argumento, una variedad de mecánicas y endgame. Lo que hay es recomendable tanto para los fans del género, y sobre todo, para quienes buscan una aproximación más ligera a él, pero en 2027 se puede convertir en todo un imprescindible.
Hemos realizado estas impresiones gracias a un código para Steam facilitado por Evolve PR. El PC utilizado tiene una NVIDIA GeForce RTX 3070 8 GB, un AMD Ryzen 5600X y 32 GB de RAM.
























