Análisis Dragon Quest VII: Reimagined, una demostración perfecta de cómo reconstruir un RPG con 25 años de antigüedad (PS5, PC, Switch, Switch 2, Xbox Series X)
Dragon Quest VII fue conocido en su lanzamiento original, allá por el año 2000 en PlayStation, como un videojuego realmente enorme. Diseñado por Enix (con la colaboración de Akira Toriyama para los diseños), fue un desarrollo ambicioso y en el que se depositaron muchas expectativas. Se convirtió en un éxito instantáneo cuando se estrenó en Japón y un remake posterior, Dragon Quest VII: Fragmentos de un mundo olvidado para Nintendo 3DS, consiguió que más jugadores conocieran un RPG descomunal en cuanto a contenidos y horas de juego.
Cuando juegas a Dragon Quest VII Reimagined te das cuenta de que realmente fue un juego muy especial. Es uno de los RPG más duraderos que vas a encontrar, con una peculiar estructura basada en pequeñas historias que se entrelazan dentro de una aventura épica con mucha exploración, combates por turnos y un sistema de progresión icónico. Todo ahora actualizado tanto jugable como gráficamente para que podamos vivir o revivir un auténtico clásico que te mantendrá pegado a la consola durante días y semanas.
El RPG de las mil historias
Una de las claves más distintivas de Dragon Quest VII estaba y sigue estando en su historia, con la peculiaridad de que su narrativa se encuentra dividida en lo que podríamos considerar como capítulos independientes.
Nos ponemos en el lugar de un héroe que no se cree eso de que su isla de origen, Estarda, sea el único enclave del mundo. Hay vida más allá, de eso está seguro, y por eso inicia un emocionante viaje junto a sus amigos para descubrir la verdad.
Nuestro objetivo en el juego consiste en encontrar fragmentos de piedra para reconstruir una serie de tablillas que nos transportan mágicamente a diversas localizaciones del pasado. En cada una de ellas se nos propone una misión, relacionada con ayudar a sus habitantes. Nos encontramos desde una población en disputa con unos autómatas, hasta personas misteriosamente convertidas en piedra o que directamente desaparecen por el efecto de la música de un inquietante personaje.
Lo mágico de estas historias es que tienen un desarrollo argumental más profundo y detallado de lo que se podría pensar, con diferentes personajes involucrados. Dragon Quest VII funciona como una novela coral en que distintas tramas se entrelazan por un tema común. Poseen mucho trasfondo y siguen sorprendiendo en la actualidad por resultar inusualmente oscuras (y hasta perturbadoras en ocasiones). Es sin duda uno de los elementos que más fascinan de un juego con 25 años de antigüedad, y que demuestra sin duda su grandeza.
Pero es que aparte de esto, podemos ver los efectos de nuestras hazañas. Lo que hacemos en el pasado, tiene un efecto en el presente. Todas las islas que visitamos resurgen en la época actual, y comprobar las consecuencias de nuestros actos es un aspecto interesantísimo, porque aunque hay situaciones que se resuelven de forma positiva, otras nos dejan un sabor agridulce pero realista. Es, sin duda, un punto y aparte con respecto a otros Dragon Quest, donde el héroe no siempre triunfa porque el mundo simplemente no es perfecto.
Así que si quieres disfrutar al máximo de esta entrega, vas a tener que leer mucho. El aspecto argumental es central en la experiencia, y aunque puedes saltarte muchas secciones narrativas, disfrutar al máximo de Dragon Quest VII es directamente proporcional a empaparte de sus historias y conocer en profundidad a sus numerosos personajes, que van entrando y saliendo continuamente. Y te preguntarás: ¿cuál es el trabajo que se ha hecho en Dragon Quest VII: Reimagined para adaptar la historia a la actualidad? Básicamente, los cimientos se mantienen, pero efectivamente existen importantes cambios.
Lo principal es que Square Enix añade secuencias donde antes no existían para añadir dramatismo, incluyendo cinemáticas, al tiempo que se reconstruyen las escenas preexistentes. Pero hay otro detalle que cambia. Dragon Quest VII era originalmente conocido por ser un juego denso y cuyo primer combate no ocurría hasta que habían pasado varias horas. Ahora estás luchando desde los primeros compases y además se recortan algunas partes de la historia para hacerla más ágil, al tiempo que secciones narrativas que antes formaban parte del hilo principal se ofrecen a modo de contenido opcional.
También hay historias inéditas que ayudan a profundizar y conectar emocionalmente con los personajes principales, así que hay una mezcla entre contenidos inalterados, reformados y completamente nuevos. Estos cambios son sustanciales y ayudan a mejorar el ritmo, adaptando más Dragon Quest VII a la actualidad, aunque manteniendo su esencia, y sin que ello perjudique a su duración, que sigue siendo elevadísima. Esta es la razón principal por la que Square Enix lo considera una reimaginación más que un remake.
Un fuerte trabajo de reconstrucción
Otra de las novedades es que se integra una gran cantidad de voces en inglés o japonés para acompañar a una traducción de textos en español simplemente brillante. Las localizaciones a nuestro idioma en la serie Dragon Quest siempre han sido únicas, por otorgar un acento a cada poblado, con la emulación del gallego, el portugués e incluso el alemán, con efectos que pueden resultar de lo más simpáticos.
Nos encanta el estilo y siempre lo hemos aplaudido: en esta ocasión, no hay excepción. Estamos hablando de un juego con toneladas de textos y es un trabajo mayúsculo, con una corrección y revisión precisas. No obstante, también hemos de señalar como crítica que a veces los traductores alteran tanto los textos con ciertas expresiones y estilos que complican la lectura y la hacen poco accesible. En cualquier caso, insistimos en que los resultados son sobresalientes, a la altura de lo que hemos visto en otros juegos, aunque esta vez amplificados en cuestión de variedad estilística por la brutalidad de contenidos que atesora esta entrega en particular.
El otro gran factor que hace grande a Dragon Quest VII: Reimagined es su reconstrucción gráfica. Es un remake visual a todos los niveles, fijándose en el trabajo realizado en Nintendo 3DS, pero sin sus limitaciones técnicas. El resultado son personajes y entornos totalmente reconstruidos con nuevos modelados y texturas, además de una cámara más alejada que nos hace seguir la acción de una manera mucho más cómoda (se puede cambiar por otra cámara más cercana si lo preferimos). Pero lo mejor es que el trabajo con gráficos 3D conserva en todo momento los diseños icónicos de Akira Toriyama, con esa esencia que siempre nos ha acompañado en los Dragon Quest.
Esto podía dar algo de temor, puesto que Dragon Quest en su concepción más clásica ha estado ligada a un estilo retro 2D, incluyendo los más recientes remakes. No obstante, hay que reconocer que el resultado obtenido es magnífico, y se mantiene esa función tan emblemática tanto de la versión de PlayStation como Nintendo 3DS, con la que podías rotar la cámara libremente. Era y sigue siendo un elemento de jugabilidad importante, porque te permite jugar de una forma más cómoda, encontrando accesos a edificios y otros detalles del escenario que te resultaría difícil contemplar de otra forma.
En nuestro caso lo hemos jugado en PlayStation 5 y la tasa de imágenes se mostró estable durante todo el juego, con una fluidez muy satisfactoria a la hora de movernos y contemplar el suave desplazamiento de la cámara: simplemente sensacional. Los tiempos de carga al pasar de una zona a otra son bastante fugaces y no tenemos casi nada negativo que señalar, más allá de que algunas sombras (en escenarios con varios elementos) se generaban a medida que avanzábamos hacia ellos.
La parte musical es la que menos reimaginación tiene de todo el conjunto. Las composiciones de Koichi Sugiyama son un clásico y suenan tan bien como siempre, con música orquestada. Tienen un encanto inconfundible y no dejarás de tararearlas cuando no estés jugando, aunque en este aspecto nos habría gustado un poco más de variedad y apuesta por la novedad, puesto que la mayor parte de composiciones dan la sensación de que ya las hemos escuchado en otros juegos.
Una jugabilidad puramente Dragon Quest, pero modernizada
La jugabilidad de Dragon Quest VII es la que podéis esperar de cualquier otro juego de la saga, con un fuerte énfasis en la exploración, los combates por turnos, las mazmorras y algún que otro puzle, además de curiosos minijuegos. Lo que te vas a encontrar en Dragon Quest VII: Reimagined es lo que ya conocías, pero con una capa de accesibilidad muy potenciada. Era un juego largo, con muchas caminatas y que podía abrumar por sus numerosas batallas. La buena noticia es que con esta entrega se ha pensado en todo ello.
A pesar de las amplias proporciones del mundo, con varias islas y espacio por recorrer, las distancias acaban siendo cortas porque nuestro personaje puede correr rápidamente de un lado a otro y no existen combates aleatorios (sino por contacto). La existencia de un viaje rápido efectivo y que nos permite volver a lugares ya visitados es un elemento crucial en un juego donde hay mucha tarea de recadero que te pide ir frecuentemente de un sitio a otro. Tienes también un barco para moverte entre islas y más adelante una alfombra mágica para llegar a rincones ocultos (además de otra sorpresa).
La exploración es fenomenal, sin duda, pero hay algo en particular que nos ha parecido especialmente satisfactorio para un juego tan largo como Dragon Quest VII, y es que si tenemos un nivel moderadamente superior a nuestros enemigos, con solo golpearlos al explorar ya los habremos derrotado, obteniendo una pequeña cantidad de experiencia y monedas a cambio. Esto nos evita librar más combates de los necesarios en un título donde ya son de por sí muy numerosos. Es uno de los grandes aciertos de esta versión reimaginada y mejora la fluidez jugable de forma muy considerable.
Sin embargo, el proceso no siempre es perfecto, y hemos encontrado situaciones en que la tarea de recadero del héroe se hace un poco cuesta arriba. No hay pocos momentos en que se te pide ir de un lugar a otro solo para protagonizar una conversación u obtener un objeto clave. Se perciben como recorridos sin contenido, que parecen forzados y que podrían haberse recortado o reformado sin ningún problema para mejorar la experiencia, porque no aportan demasiado.
En cualquier caso, moverte por poblados y mazmorras es en general un proceso altamente satisfactorio, con cantidad de tesoros que encontrar y coleccionables al estilo de minimedallas, así como personajes con los que conversar y tareas adicionales. Eventualmente podemos toparnos con puertas cerradas mediante llaves que deberemos hallar, y hay unas cuantas ocasiones en que se nos sorprende con puzles que aunque no son demasiado profundos, sí que resultan estimulantes y una pequeña bocanada de variedad en medio de tanta exploración y combate. Eso sí, hemos echado en falta alguno más, puesto que la sensación global es que son algo escasos.
Luego hay una serie de eventos que añaden color a la propuesta central, como un minijuego de hacer parejas que aumenta en complejidad y número de cartas (y premios) a medida que avanzamos a través de sus distintos niveles de desafío. También tenemos una arena de combate con refriegas uno contra uno en que obtener una serie de recompensas en función del torneo en que decidamos participar. Son pasatiempos interesantes y que vienen a potenciar la experiencia tradicional Dragon Quest.
El sistema de combate es tan clásico que casi no necesita ser explicado para los fans de esta saga. Es con comandos y por turnos, con un grupo de guerreros que va cambiando a medida que progresas en la historia, algo que hace que estas refriegas sean aún más interesantes. Pero en Square Enix saben que los numerosos combates pueden abrumar, así que añade una serie de mejoras de calidad de vida que incrementan la velocidad de las batallas, con la opción de escoger la dificultad de las mismas e incluso la experiencia y monedas que obtienes.
Si vas al menú del juego, encontrarás un buen puñado de ayudas que puedes cambiar en cualquier momento, algo que hace que la experiencia jugable se adapte a un variado rango de jugadores. Puedes hacer que la salud se regenere tras cada combate, equiparte automáticamente con la mejor combinación presionando un solo botón y optar por la autobatalla y despreocuparte cuando estés demasiado cansado o te apetezca ir directamente a por la historia. Pero si no necesitas ninguna de estas ayudas y quieres obtener una experiencia puramente Dragon Quest, la vas a tener, con jefes que pueden destrozarte si no vas con el nivel adecuado.
La otra gran novedad de Dragon Quest VII: Reimagined es el pluriempleo. Una vez avanzamos lo suficiente en la historia, desbloqueamos la opción de añadir una segunda vocación a cada uno de nuestros personajes. Las vocaciones se caracterizan por dotarlos de determinadas estadísticas y habilidades únicas, así que mediante esta novedad podemos hacer que se combinen y propiciar así que la jugabilidad sea aún más profunda y variada. Es divertido experimentar y comprobar qué vocaciones funcionan mejor cuando se combinan, así que creemos que es una novedad de lo más acertada e importante.
Luego tenemos una novedad llamativa y que consiste en que cuando un personaje alcanza el estado de saturación en combate (por haber recibido varios daños), puede activar un don de vocación, el cual puede ir desde algo tan simple como regenerar la vida de sus aliados, hasta incrementar su fuerza de combate durante unos turnos. Hay algunos dones realmente útiles, así que la forma en que establezcas las vocaciones en los integrantes de tu grupo puede hacer las batallas más emocionantes.
Aunque el número de combates se ha reducido significativamente con respecto a anteriores juegos y se añaden cantidad de opciones para hacerlos menos abrumadores, es un juego con cantidad de horas. Establecer una duración, como podéis comprender, es tarea complicada, y nosotros hemos jugado a veces con la velocidad normal, pero otras hemos acelerado el ritmo. Si usas las mejoras de calidad de vida el juego podría durarte unas 30-40 horas, y si vas más a lo clásico podrías tener 50-60 horas, aunque como decimos es algo muy variable y depende mucho de cómo vayas configurando tu partida, además de tu propio estilo de juego, porque no hay pocos secretos a descubrir.
Conclusión: Una interesantísima reimaginación
Dragon Quest VII: Reimagined es uno de los trabajos más interesantes que ha realizado Square Enix en lo que se refiere a devolver a la vida algunos de sus clásicos. No se limita a reconstruir tal cual el RPG que conocimos hace 25 años, sino que mejora su ritmo recortando algunas partes e introduciendo otras nuevas, al tiempo que realiza un potentísimo remake visual e incorpora una enorme cantidad de mejoras de calidad de vida.
Por eso es una reimaginación, porque más que recuperar el juego tal cual fue concebido, realiza una introspección sobre los aspectos que no funcionaron tan bien en su día o que no encajarían del todo en la época actual. Sin duda, un trabajo formidable y que merece ser jugado por todo amante de los RPG, debido tanto a su calidad como a la cantidad de horas de diversión que va a ofrecerte.
Hemos realizado este análisis con un código de descarga para PlayStation 5 que nos ha proporcionado Square Enix.

NOTA
Puntos positivos
Puntos negativos
En resumen
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