Análisis Woodo: un encantador y relajante rompecabezas en 3D de preciosos dioramas de madera (PC, Switch 2, Switch, Xbox Series X, PS5)
Woodo no solo entra por los ojos. Los desarrolladores Yullia Prohorova y Timur Bogotof de Tiny Monks Tales nos han regalado un rompecabezas 3D capaz de transmitirnos la tactilidad de la madera en dioramas digitales. El concepto del videojuego publicado por Daelic Entertainment, pues, es notar que tocamos un juguete repleto de secretos y que se activa entre nuestras manos. Para ello, literalmente, encajaremos una serie de piezas de madera en sus huecos correspondientes, dentro de los detallados escenarios. Una vez completadas las figuras, y a la larga, el nivel, los dioramas en miniatura se llenaran de vida y color. Así, pieza tras pieza, capítulo tras capítulo, Woodo nos relata las cándidas aventuras de Foxy, su mejor amigo, Ben, y otros personajes entrañables inspirados en los cuentos. Una voz narradora, impecablemente doblada al castellano, nos guiará a través de esta historia sobre la infancia, la felicidad y los recuerdos, los cuales se ensamblan en la memoria como si fueran piezas.
Rebuscando en el pasado
El juego nos da la bienvenida con un puzle con forma de una cajita de madera, que guarda en su interior la feliz historia de un verano pasado. Esta primera toma de contacto es el tutorial inicial de Woodo, que apenas se extenderá pasados los niveles iniciales. La interfaz se divide en tres zonas bien delimitadas. En ellateral derecho , en una especie de contenedor, aparecerán las piezas, que podremos explorar con las flechas arriba y abajo.
Cuando queramos seleccionarlas, solo tendremos que hacer clic en una para cogerla y arrastrarla al lugar en el que creemos que encaja; entonces, una especie de vibración sutil en el mando, así como un enderezamiento de la pieza, nos indicarán que el espacio es correcto. La potencia de este efecto, que es el imán, puede configurarse en el menú de opciones, junto a la opción para daltonismo y el ajuste de precisión de las pistas, para cuando no sepamos dónde van las piezas. La petición de pistas, el diario de madera y las opciones aparecen en el lateral superior izquierdo de la pantalla.
En cuanto a las pistas, en el nivel medio de precisión, —la opción por defecto—, el juego nos pedirá que seleccionemos la pieza para la que necesitamos ayuda. Tras esto, moverá la pantalla hasta el hueco en el que encaja. Es un recurso útil al que le hemos sacado partido en niveles avanzados, donde la amplitud del diorama y la cantidad de minúsculas piezas nos han abrumado. En cualquier caso, uséis o no las ayudas, os aconsejamos que miréis muy bien desde todos los ángulos y distancias cuando os quedéis bloqueados, para ver qué se os ha pasado por alto, dado que todo el escenario acaba conectándose entre sí. Por último, en el centro de la pantalla seremos libres de explorar el diorama, moviéndolo, rotándolo, ampliándolo o reduciéndolo. El fallo aquí es que, de vez en cuando, la pantalla no responde a las órdenes, o aplica varias de golpe. Han sido pocas las veces, y, rompiendo una lanza a su favor, en escenarios recargados.
También hemos notado que el imán tiene un fallo bastante típico en juegos que lo introducen: no siempre conecta la pieza con el hueco, aunque sea el correcto. Es mejor esperar a que la vibración y la pieza se enderecen, confirmando así que puede colocarse. Antes, nos arriesgamos a que el elemento vuelva al menú de pendientes, teniendo que volver a cogerla y ponerla en el sitio. No parece demasiado en un principio, hasta que toca repetirlo en dioramas con decenas de elementos en la cola, los cuales ponen a prueba la paciencia. En líneas generales, las acciones de investigación, movimiento y montaje de los dioramas se ejecutan con agilidad, pero en Switch puede resultar un tanto torpe el uso de los botones. Pese a que el juego está bien adaptado a las consolas, sentimos que a veces es más rápido y dinámico usar la pantalla táctil que el mando.
Montando un mini mundo de madera
Antes os decíamos que las piezas de los dioramas de Woodo aparecerán en el menú lateral. Pero a medida que avancemos en los capítulos, no todas las que necesitamos para terminar el nivel estarán ahí. Al inicio de estas pantallas tendremos un puñado, que podrán incrementarse a medida que coloquemos las pendientes. Es decir, que cuando pongamos una, el juego añadirá otra a la cola. Para rizar el rizo, en algunos niveles deberemos buscarlas dentro del escenario, —por ejemplo, en cajones o armarios que podemos abrir—, y resolviendo minirompecabezas. A modo de objetos especiales, se identificarán con una lupa que, al clicarla, nos acercará hasta ellos. Son una especie de pequeños puzzles dentro del escenario, en los que, a una escala menor, encajaremos las piezas en sus espacios. La recompensa es una nueva pieza del diorama. O una llave para abrir la cerradura de una puerta, tras la que está una pieza. Esto añade otra dimensión a la jugabilidad, aunque no es la única.
Despertando nuestro niño interior
Explorando y jugando en los dioramas de madera de Woodo, hemos regresado a una infancia de cuentos en voz alta, de veranos interminables, de amistades inesperadas y de imaginación desbordada. El título de Yullia Prohorova y Timur Bogotof transmite todo lo que rodea a la representación de la niñez en un espacio sensorial y confortable para que sigamos jugando sin importar la edad. Las 4 o 5 horas de duración nos han parecido idóneas para el tipo de propuesta: por un lado, porque evitan la monotonía de más niveles basados en las mismas mecánicas, que podrían haber roto la diversión y el flujo de la narración, por el otro, porque, habiéndonos deleitado con la historia de Foxy y Ben, el equipo de desarrollo nos ha dejado con ganas de ver, tocar y montar más dioramas que nos narren nuevas aventuras del dúo.
Hemos realizado este análisis mediante un código de descarga para Switch que nos ha proporcionado por Daedalic.

NOTA
Puntos positivos
Puntos negativos
En resumen
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