Análisis de No More Room in Hell 2: terror cooperativo de zombis que apenas logra despegar (Xbox Series X, PS5, PC)
Los zombis han sido, desde finales del siglo XX, una de las temáticas más explotadas por la industria del videojuego, con propuestas que han recorrido prácticamente todo el abanico de posibilidades existentes: aventuras narrativas, juegos de mundo abierto, propuestas cooperativas e incluso estrategia en tiempo real. Ahora bien, ¿qué sucede cuando una premisa tan recurrente dentro del medio choca de frente con una propuesta que busca diferenciarse de sus competidores? ¿Qué ocurre cuando se intenta dejar de lado el combate frenético de los títulos cooperativos actuales para dar paso al terror y a una supervivencia más exigente?
No More Room in Hell 2 es el regreso de un clásico de culto que mezcla supervivencia cooperativa, zombis y terror, con una apuesta pocas veces trabajada en títulos multijugador: la muerte permanente. El resultado, sin embargo, está lejos de alcanzar su máximo potencial, perdiéndose entre errores evitables, bugs, y decisiones ingeniosas que quedan a mitad de camino, alejándose de aquello que podría hacerlo destacar.
No More Room in Hell 2: el regreso de un clásico de culto
Lanzado en 2011 como un mod del mítico Half-Life 2 (y más tarde como una obra independiente en Steam) No More Room in Hell ha sido uno de los grandes exponentes del survival horror cooperativo durante la década pasada, plantándole cara a videojuegos históricos como Left 4 Dead 2 o Dead Island gracias a una propuesta firme: la escasez innegable de recursos, el trabajo en equipo cuasi obligatorio y una interfaz reducida al mínimo que nos obligaba a sumergirnos -a la fuerza- en un verdadero apocalipsis zombie que perduró por décadas gracias a una comunidad que nunca dejó de aportar nuevo contenido.
Ahora, pasados quince años de aquel mod de Lever Games que llegó a cosechar más de diez mil jugadores simultáneos, y dos años después del lanzamiento del acceso anticipado de No More Room in Hell 2, el estudio Torn Banner Studios (en vínculo con los creadores originales del primer juego) lanzó finalmente la versión 1.0 del título para PC y consolas. En Vandal hemos podido jugar largo y tendido a esta nueva propuesta en Xbox Series S, y tenemos algunas sensaciones encontradas.
El gran intento por revivir el survival horror de antaño
No More Room in Hell 2 es, en esencia, un survival horror cooperativo que hace todo lo posible por recuperar el terror y la tensión que innegablemente se ha perdido en los títulos multijugador actuales. En términos concretos, el juego plantea una premisa sencilla: dos modos de juego ("supervivencia" y "objetivo", que analizaremos profundamente más adelante) en los que, en grupos de hasta ocho jugadores, debemos adentrarnos en diferentes escenarios infestados de zombis para cumplir una serie de tareas y, finalmente, alcanzar un punto de extracción. Aunque ambos modos presentan diferencias, comparten una misma idea: sobrevivir mientras cada uno de los jugadores recoge "suministros", una serie de elementos dispersos por el mapa que se unifican en un pozo común para, al final de la partida, entregar experiencia a nuestros personajes y subir de nivel.
La supervivencia, sin embargo, no se limita a disparar contra todo lo que se mueva. A diferencia de otras propuestas dentro del género, en No More Room in Hell 2 las municiones y los objetos de curación son realmente escasos, los zombis pueden representar una amenaza considerable cuando nos rodean, y enfrentarnos a ellos de manera imprudente puede terminar con la muerte de nuestro personaje, lo que perjudica al grupo completo con la pérdida de suministros y equipamiento, algo muy poco agradable cuando juegas en línea.
A todo esto se suma una interfaz gráfica reducida al mínimo: no encontraremos un elemento flotante que indique constantemente nuestro número de balas, estado de salud o resistencia. Las armas que recogemos deben equiparse manualmente (sin ningún botón para "cambio rápido"), los objetivos de la partida apenas pueden verse en una pequeña brújula que llevamos en la muñeca y, como si fuera poco, es posible morir por infección si un zombi nos ha lastimado y no hallamos e ingerimos nuestras medicinas a tiempo. Y aquí la muerte se paga caro.
Porque la muerte permanente es, sin duda alguna, el mayor añadido que introduce No More Room in Hell 2 respecto a su predecesor y toda la competencia. Dentro del juego contamos con la posibilidad de crear hasta tres personajes catalogados como "Interventores", cada uno de ellos con su propio progreso, equipamiento, experiencia, logros y mejoras. Así, al momento de iniciar una partida, podemos elegir cuál de ellos desplegar en el campo de batalla. La elección no es menor: cada Interventor representa una nueva oportunidad para progresar en su desarrollo, pero puede significar perderlo todo si terminamos muriendo durante una partida. Si nuestro personaje cae en batalla, todo el progreso acumulado con él desaparece, obligándonos a comenzar nuevamente con otro.
Esta mecánica consigue que cada decisión tenga un peso que pocas veces encontramos en propuestas cooperativas similares. Entrar a una casa desconocida o separarnos del resto del equipo para buscar equipamiento puede convertirse en un riesgo real cuando sabemos que un error puede significar perder para siempre horas y horas de progreso. Por primera vez en mucho tiempo, la muerte tiene un peso real dentro del género, con consecuencias tangibles para nuestro personaje. Al menos, en teoría.
Modos de juego, mapas y el problema de siempre: always-online
Como adelantamos anteriormente, No More Room in Hell 2 cuenta con dos modos de juego principales recuperados de la primera entrega: supervivencia y objetivo, los cuales se dividen en un total de nueve mapas. A estos modos se suman además dos tutoriales realmente completos, que ayudan a nuevos jugadores a repasar mecánicas y objetivos principales.
Por un lado, el modo supervivencia es probablemente la experiencia que más se acerca a la idea de survival horror que el juego busca recuperar. En este caso, la premisa es resistir diferentes oleadas de zombis durante algunos minutos, mientras protegemos una zona determinada (en este caso son altavoces gigantes) y recolectamos suministros en equipo para ganar experiencia. Una vez cumplido el objetivo, tendremos que desplazarnos hasta el punto de extracción para abandonar el escenario con la mayor cantidad de suministros posible, evitando que algún miembro del equipo se pierda en el camino.
El modo objetivo, por su parte, propone una estructura algo más variada. En lugar de limitarnos a resistir oleadas, tendremos que recorrer el mapa mientras recolectamos suministros, sobrevivimos a zombis y completamos diferentes tareas que el juego nos asigna previo a la extracción. Esto permite que las partidas tengan un desarrollo más dinámico y que la exploración adquiera mayor importancia, aunque la estructura general termina siendo bastante similar.
Y aquí es donde entra uno de los mayores problemas: aunque los modos de juego son innegablemente divertidos, la poca variedad de contenido, objetivos, tipos de zombis, puzzles, armas y mapas hacen que No More Room in Hell 2 se vuelva rápidamente repetitivo. Hemos jugado cerca de 20 horas en todos sus mapas, modos y dificultades, y la realidad es que la propuesta comienza a mostrar signos de agotamiento mucho antes de alcanzar esa cifra. Las primeras partidas consiguen transmitir esa sensación de incertidumbre y descubrimiento que busca el juego, pero, a medida que conocemos los escenarios y aprendemos a identificar las zonas de aparición de loot, zombis y suministros, la experiencia pierde rápidamente parte de su atractivo.
Y no se trata de un problema de cantidades. Aunque un mayor número de mapas oficiales (como sucedía en el primer juego) añadiría rejugabilidad, y más modos de juego permitirían conocer nuevas propuestas, el problema es otro: las herramientas que utiliza el título para generar tensión o sorpresa son demasiado limitadas. Los escenarios pueden variar y ofrecer diferentes rutas, pero la experiencia termina dependiendo de los mismos enemigos, objetivos, armas y situaciones una y otra vez. Debido a esto, una parte importante del juego -la tensión, incertidumbre y miedo- se pierde. Entonces… ¿Dónde queda el miedo de arriesgar a tu personaje en una nueva partida si ya conoces la mayoría de las situaciones que el juego va a plantearte?
Finalmente, es preciso aclarar que, a pesar de que el juego ofrece la opción de jugar en solitario y teóricamente no se debería requerir una conexión a internet, No More Room in Hell 2 solo puede jugarse mientras estemos en línea, por lo que si disfrutamos del juego en consolas, es obligatoria una suscripción a Xbox Game Pass o PlayStation Plus para ingresar al menú principal.
¿Los errores se pagan caro?
No. Aunque la muerte permanente es una de las ideas más interesantes de No More Room in Hell 2, lo cierto es que el propio juego se encarga de reducir casi por completo la tensión que esta característica debería generar. A pesar que, supuestamente, una de las premisas principales del título es devolver a los jugadores a la experiencia survival horror cooperativa mediante escasez de recursos, reducción de interfaz y muerte permanente, la realidad es que esta última mecánica pierde buena parte de su impacto cuando el propio juego nos ofrece herramientas para evitar sus consecuencias. La principal de ellas es, precisamente, la "baliza de rescate", añadida en la versión 1.0.
Este objeto, que podemos adquirir por 2000 créditos (unas cuatro horas de juego) y equipar a nuestro personaje antes de las partidas, permite evitar la muerte permanente en cualquier modo de juego y dificultad, perdiendo únicamente los objetos que nuestro Interventor tenía equipados al momento de caer. En la práctica, esto significa que la característica más importante de No More Room in Hell 2 queda prácticamente anulada por una decisión que resulta difícil de entender y que contradice el propio espíritu del juego.
Toda la tensión que el equipo de desarrollo logra construir en base a la muerte permanente, desaparece cuando sabemos que sus consecuencias pueden evitarse con facilidad.
Y no nos malinterpretéis: que los videojuegos planteen formas de hacer más accesible la experiencia para los jugadores menos hardcore siempre es bienvenida; de hecho, el título lo hace añadiendo diferentes niveles de dificultad. Sin embargo, ¿dónde queda la importancia de mantenerse siempre cerca del grupo para no perder horas y horas de trabajo?, ¿dónde queda la necesidad de pensar dos veces antes de enfrentarnos en solitario a un grupo de zombis?, ¿dónde queda el miedo a entrar en una zona desconocida cuando sabemos que, en el peor de los casos, podemos recuperar a nuestro Interventor?
Al fin y al cabo, ¿dónde queda el corazón del juego?
Esta decisión, además, se suma a la posibilidad de activar desde el menú todos los elementos de la interfaz que el juego quita para hacer la experiencia aún más inmersiva: a menos que juegues en el modo más difícil ("pesadilla") siempre puedes activar la UI para ver tu estado de salud, resistencia, objetivos, botones, y otros indicadores que vuelven mucho más sencilla la gestión de nuestro personaje.
Nuevamente, no se trata de cuestionar que el juego ofrezca opciones de accesibilidad o permita adaptar la experiencia a las preferencias de cada jugador. El problema aparece cuando las herramientas que deberían definir la identidad de No More Room in Hell 2 dejan de ser realmente obligatorias. Poco a poco, aquello que inicialmente parecía formar parte de un diseño pensado para hacernos sentir vulnerables de forma constante termina convirtiéndose en una serie de opciones que podemos activar o desactivar según nuestras preferencias: la muerte permanente mediante la baliza de rescate y la falta de interfaz mediante el menú.
Quince años después, en 2026…
Uno de los aspectos que no podemos pasar por alto respecto a No More Room in Hell 2 es el referido al apartado técnico: hemos jugado al título de Lever Games y Torn Banner Studios en Xbox Series S, y la realidad es que ha sido una experiencia muy negativa en lo que respecta estrictamente a la optimización, errores, fluidez, crasheos, etc.
A nivel de rendimiento, en Xbox Series S el juego funciona a 720p y 60FPS con caídas esporádicas, lo que representa innegablemente una decisión controvertida por parte del equipo de desarrollo, principalmente teniendo en cuenta que juegos mucho más amplios y con graves problemas de desarrollo (ya sea Dead Island 2 o Dying Light 2) funcionan a 1080p. En nuestra experiencia jugando en un TV 4K, la decisión de correr el juego a 720p reescalado provoca la sensación constante de blur, afectando la nitidez de la imagen y haciendo que buena parte de los escenarios se perciban excesivamente borrosos, sobre todo cuando nos encontramos a cierta distancia de los objetos o enemigos.
A esto se le suman problemas que afectan directamente la experiencia más allá de la resolución y fluidez: los crasheos, errores visuales, glitches y fallos en las animaciones aparecen con suficiente frecuencia como para ser ignorados, mientras que determinados elementos del escenario -incluso los zombis- pueden comportarse de manera extraña o directamente desaparecer y reaparecer. Concretamente, hemos sufrido dos crasheos del juego y al menos dos veces más hemos tenido que forzar el cierre debido a errores.
Finalmente, aunque podría considerarse un aspecto menor teniendo en cuenta lo antes mencionado, las animaciones de combate cuerpo a cuerpo tampoco terminan de estar lo suficientemente pulidas, más aún si tenemos en cuenta que ante la escasez de balas y armas de fuego terminamos recurriendo constantemente a armas blancas… las animaciones se sienten toscas, poco precisas y algo lentas, por lo que sin dudas será un punto de mejora de cara al futuro.
Conclusiones
No More Room in Hell 2 es una propuesta innovadora y muy divertida en un género sobreexplotado, tanto si decidimos jugar en solitario como con amigos. Sin embargo, el gran problema del título reside en que Lever Games y Torn Banner Studios parecen no creer lo suficiente en su propio planteamiento, y todo lo que hace especial al juego se diluye a medida que avanzamos: la muerte permanente pierde peso, la escasez de información se resuelve desde un menú, los errores técnicos empañan la experiencia y la repetitividad hace mella en la rejugabilidad.
El resultado es un survival horror de zombis que tiene personalidad suficiente para diferenciarse de sus competidores, pero que no consigue mantenerla durante toda la experiencia. Las ideas están ahí; el problema es el de sus desarrolladores en no ir a fondo a la hora de ejecutarlas.
No More Room in Hell 2 parece tener miedo de sí mismo, y es de lo peor que puede sucederle a un videojuego.
Hemos realizado este análisis mediante un código de descarga para Xbox Series X/S que nos ha proporcionado Xbox@ID.
NOTA
Puntos positivos
Puntos negativos
En resumen
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