Análisis Gecko Gods: Una alegre y colorida aventura protagonizada por un lagarto (PC, PS5, Switch)
Gecko Gods es un plataformas 3D que apuesta por ofrecer una experiencia a medio camino entre el estilo acogedor de propuestas contemplativas y las aventuras de exploración en las que resolvemos puzles y afrontamos retos de diversa índole. Su mayor atractivo es contar con un protagonista un tanto peculiar, una salamanquesa, con la que recorremos los escenarios de la misma manera en la que lo haría uno de estos reptiles en la realidad: aprovechando las láminas adhesivas de sus dedos para trepar paredes y techos. Aunque no vamos a entrar en detalles enciclopédicos sobre su especie, es interesante tener en cuenta que la diferencia entre esta subespecie y las lagartijas comunes es precisamente su capacidad para moverse con facilidad por terrenos que generalmente suelen ser infranqueables para otras criaturas similares.
Este peculiar animalito, que en Canarias se considera talismán de buena suerte y se conoce popularmente como "perenquén", sirve como excusa para que el estudio primerizo Inresin proponga una puesta en escena relajada, en la que nuestra curiosidad sirve como motor principal para descubrir el mundo en el que literalmente aterrizamos tras un desafortunado incidente que nos separa de la comunidad a la que pertenecemos.
Con una libertad de movimientos casi total y una atmósfera muy cuidada, reforzada por un magnífico trabajo artístico con combina hábilmente el colorido estilo de animación tradicional con sutiles toques de cel shading, esta aventura sorprende por su originalidad, a pesar de cojear en aspectos relacionados con el sistema de control y, sobre todo, con una cámara propensa a dejarnos vendidos en momentos cruciales.
En la piel de un pequeño perenquén
El término clave, la piedra angular de este proyecto, es la exploración. Una exploración tranquila y relajada, en la que no hay necesidad de sufrir estrés por la presencia de arduos enemigos o de cualquier otro factor que altere nuestro peregrinaje por el mundo. No obstante, además de disfrutar de una vida contemplativa, nuestro pequeño protagonista tiene un objetivo principal: despertar a los dioses que le han encomendado la tarea de recorrer el archipiélago en el que se encuentra, algo para lo cual tendrá que resolver algún que otro rompecabezas, alimentarse y descubrir los pormenores de la profecía. Los insectos que encuentra a su paso no son especialmente aguerridos ni suponen un riesgo real, pero sí son esenciales para completar el bestiario al que tenemos acceso nada más comenzar la aventura y que se divide por sectores.
Lidiar con los insectos es fácil: basta con abalanzarnos sobre ellos para convertirlos en un suculento manjar. Al margen del reto que supone encontrar todos los tipos que esconde cada isla que exploramos, no hay mucho más que valga la pena recalcar en lo que a los combates se refiere. Junto a ellos, el otro factor a tener en cuenta mientras exploramos son las reliquias, que suelen estar escondidas en los lugares más recónditos del mapa, o incluso ocultas tras alguno de los puzles que tendremos que solucionar para avanzar. Si lo que perseguimos es completar el juego al cien por cien, esta tarea nos llevará tiempo y mucha atención a los pequeños detalles que esconden los escenarios que recorremos. En ellos destaca otro concepto fundamental: la ambientación.
Escala, trepa y soluciona puzles
Gecko Gods se apoya en una atmósfera pausada, cuasi espiritual, en la que el aspecto visual cuenta con el apoyo de una banda sonora sutil, construida con instrumentos de viento que otorgan a la aventura un toque perfecto de misticismo. La mayoría de los puzles que tenemos que solucionar consisten en activar palancas, ya sea rotándolas o adecuándolas en una dirección específica, que por lo general requieren más pericia en lo referido al control del protagonista que en encontrar una solución propiamente dicha. Hay fases algo más complicadas en las que habrá que mover un objeto (una pelota) por un escenario para activar un mecanismo determinado, así como otras que nos invitan a pasar por un arco o a activar un panel con una secuencia específica, pero no suponen ningún reto significativo.
El mayor reto aquí es saber hacia dónde hemos de dirigirnos para progresar, algo que se debe a la ausencia de mapas o guías. Por lo tanto, nuestra intuición se convierte así en un factor relevante para orientarnos y no perder más tiempo del necesario preguntándonos qué hacer a continuación antes de que el ritmo del juego decaiga. Ritmo que, por otro lado, es por lo general bastante pausado y sosegado.
Sobra decir que los puzles no son excesivamente complejos y no requieren un esfuerzo intelectual para superarlos. Lo que sí es fundamental es aprender a manejarnos con soltura mientras escalamos paredes. Podemos recorrer prácticamente cualquier objeto que se encuentre en el mapa, algo muy entretenido y hasta cierto punto curioso por las posibilidades que abre en lo que a exploración se refiere. Sin embargo, y a pesar de lo divertido que resulta pasearnos por el techo de una cueva mientras nos recreamos con la decoración de los templos, por ejemplo, la cámara sufre de problemas que recuerdan a tiempos pretéritos, con ángulos poco prácticos y momentos en los que directamente nos perjudica. Hemos llegado a caer de un techo simplemente por no caminar en la dirección correcta al desorientarnos por una mala posición de la cámara, lo que en juego de estas características no es precisamente baladí.
Un despliegue artístico muy bueno, pero con problemas técnicos
Esto nos lleva a otro de los aspectos en los que el juego ofrece una de cal y otra de arena: la parte técnica. Artísticamente es una delicia y su puesta en escena denota dedicación y cariño, pero estas sensaciones cambian cuando se trata de valorar el rendimiento técnico. Hay una profundidad de escenarios escasa, con una presencia muy habitual de problemas como popping o texturas que no terminan de cargar por causas que no logramos comprender. No se trata de que la falta de un mejor acabado técnico estropee la experiencia de juego, pero teniendo en cuenta que no estamos ante una aventura muy exigente en este plano, es una lástima que no se haya pulido mejor este aspecto.
Por suerte, los pequeños fragmentos de historia que se van integrando con sutilidad a lo largo de la aventura ayudan mucho a olvidar los fallos en otros apartados (salvo la cámara, que nunca deja de ser molesta y errática). Esta forma de presentar el trasfondo argumental del juego encaja muy bien con su tono relajado y místico. Es una historia minimalista, que gusta de invitar al jugador a que rellene con su imaginación los cabos sueltos que va dejando, pero incluso sin ser nada del otro mundo contribuye positivamente a que Gecko Gods tenga un carácter y una personalidad propios, aun tratándose de una obra muy modesta y sin grandes pretensiones. Como los puzles son sencillos y relativamente repetitivos y el control tiende a fallar, estos son los detalles que equilibran la balanza a la hora de decantarnos por recomendar o no probar la experiencia que ofrece el juego.
Conclusión
No hay mucho más que explicar de Gecko Gods, un cozy game que destaca por el buen trabajo atmosférico que ofrece y que cojea en lo que al control del protagonista y al errático comportamiento de la cámara se refiere. Más allá de recolectar insectos y reliquias, tarea que tampoco resulta especialmente compleja, lo que podemos hacer es explorar con tranquilidad, sin necesidad de estresarnos, con la particularidad de contar con un personaje que puede pasear por todos los espacios que ofrecen sus modestos mapeados. El diseño artístico es sobresaliente y su banda sonora casa a la perfección con la sensación de paz que ofrece su mundo, aunque a nivel técnico sufre de fallos recurrentes que, aunque no estropean la experiencia de juego, son ya poco frecuentes en los tiempos que corren.
Hemos analizado este juego en Switch 2 con un código de descarga proporcionado por Press Engine.
NOTA
Puntos positivos
Puntos negativos
En resumen
Últimos análisis de PC, PS5 y Switch










