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Una mirada semanal al pasado, recordando grandes juegos clásicos y momentos de la historia del videojuego.

Paper Mario (Nintendo 64)

Recordamos la primera aventura de papel de Mario, uno de los mejores juegos que nos dejó el catálogo de Nintendo 64 y un JRPG con un encanto único que nos lo hizo pasar en grande con su particular propuesta.
Paper Mario (Nintendo 64)
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No deja de resultar curioso cómo una saga cuya premisa argumental habitual suele resumirse en que un orondo fontanero italiano debe rescatar a una princesa de una tortuga gigante obsesionada con casarse con ella nos haya dado tantísimas alegrías en forma de JRPG. No en vano, Mario ha protagonizado auténticas joyas del género como Super Mario RPG o la serie Mario & Luigi, aunque tampoco podemos olvidarnos de las dos primeras entregas de Paper Mario, dos juegazos atemporales que no podemos evitar recordar con muchísimo cariño.

Jugamos en directo a las 17:00

De su segunda parte, Paper Mario: La Puerta Milenaria, ya os hablamos hace no mucho, así que aprovechando que la aventura original cumple 20 años este 2020 y que se ha anunciado Paper Mario: The Origami King para Nintendo Switch, hemos decidido dedicarle nuestra columna retro de esta semana al primer Paper Mario, uno de los mejores cartuchos que nos dejó Nintendo 64.

Aventuras roleras en un mundo de papel

Si hay algo de él que sorprendió a propios y extraños fue su apartado gráfico, alejado del realismo que se buscaba con tanto ahínco a finales de los 90 y principios de siglo para mostrarnos un mundo en el que hasta los personajes estaban hechos de papel, algo que iba más allá de los simplemente visual. No en vano, Intelligent Systems supo aprovechar esta decisión artística de forma muy original y novedosa para hacer de ella algo que también influyera en su jugabilidad y desarrollo argumental, creando nuevas formas de interactuar con el entorno que se irían explorando con más profundidad en las secuelas.

Como muchos sabréis, el título se concibió inicialmente con el nombre provisional de Super Mario RPG 2 y como un juego de 64DD, aunque a medida que el proyecto avanzaba y tomaba forma, este se fue alejando del clásico de Squaresoft y se acabó renombrando a como hoy lo conocemos. Además, el fracaso comercial del dispositivo acabó propiciando que se lanzara finalmente como un cartucho de Nintendo 64.

Tal y como podréis intuir, al tratarse de una secuela espiritual de Super Mario RPG, nos ofreció un JRPG en el que lo que primaba era el humor, la variedad de situaciones, la exploración de escenarios y los combates por turnos. Si lo comparamos con otros títulos similares, todo estaba muy simplificado, haciendo de él la puerta de entrada perfecta para cualquiera que buscase introducirse en el género.

Al subir de nivel, algo que ocurría cada 100 puntos de experiencia, teníamos que decidir si queríamos aumentar nuestros puntos de vida, nuestro máximo de puntos flor o nuestro límite para equiparnos medallas. Tan simple, fácil, sencillo y efectivo como es
Al subir de nivel, algo que ocurría cada 100 puntos de experiencia, teníamos que decidir si queríamos aumentar nuestros puntos de vida, nuestro máximo de puntos flor o nuestro límite para equiparnos medallas. Tan simple, fácil, sencillo y efectivo como es

A fin de cuentas, estamos hablando de una aventura en la que apenas nos teníamos que preocupar por las estadísticas de nuestro personaje, con muy poquitos parámetros a controlar y donde solo debíamos procurar que Mario no cayese derrotado, ya que nuestros aliados eran inmortales (eso sí, si recibían daño quedarían noqueados durante uno o varios turnos). Eso sí, no os penséis que esto significa que era un juego sin "chicha" alguna, ya que las batallas no podían ser más divertidas.

Al igual que en su "predecesor", todas nuestras acciones tenían comandos interactivos que si ejecutábamos correctamente nos ayudarían a aumentar el daño que hacíamos o a reducir la efectividad de los ataques del rival, dándole así un toque muy dinámico a los enfrentamientos que nos hacía más partícipes de la acción. La cosa no paraba de mejorar en el momento en el que nos dábamos cuenta que cada enemigo era un mundo en sí mismo, obligándonos a descubrir sus puntos débiles y las estrategias que debíamos seguir para derrotarlos, teniendo en cuenta cosas como su forma (saltar sobre un rival rodeado de pinchos solía acabar con nosotros recibiendo daño) o su posicionamiento en pantalla.

Nuestros compañeros eran fundamentales tanto para explorar como para combatir.
Nuestros compañeros eran fundamentales tanto para explorar como para combatir.

A esto debemos sumarle que solo podíamos tener un compañero a la vez en pantalla y que cada uno de ellos tenía utilidades y habilidades muy concretas, obligándonos a escoger los turnos adecuados para cambiarlos y así aprovechar las ventajas que nos ofrecían. Por supuesto, también contábamos con técnicas especiales que consumían Puntos Flor (el equivalente a puntos de magia de toda la vida) y con unos utilísimos hechizos que nos obligaban a recargar una barra especial para poder utilizarlos. Quizá no sea el juego más difícil del mundo (aunque la curva de dificultad estaba muy bien medida y siempre nos obligaban a prestar atención) pero sus combates eran muy dinámicos, divertidos a rabiar y siempre conseguían sorprendernos con sus ideas, especialmente cuando entraban en escena los fantásticos jefes finales.

Todo lo que hemos comentado es algo que también se puede aplicar al desarrollo de su historia y a la exploración de su mundo y mazmorras, ya que el guion siempre se las apañaba para ponernos en todo tipo de disparatas situaciones mientras nos abríamos camino y descubríamos secretos usando las habilidades de los compañeros que reclutásemos para nuestra causa.

Se trataba de un juego muy lineal, pero había multitud de secretos, minijuegos y tareas opcionales con las que entretenerse.
Se trataba de un juego muy lineal, pero había multitud de secretos, minijuegos y tareas opcionales con las que entretenerse.

Sumadle un sistema de personalización muy flexible a base de equipar medallas, su espectacular y original apartado gráfico, una banda sonora maravillosa y una narrativa que siempre iba al grano y que no paraba de sacarnos una sonrisa tras otra con sus cómicos diálogos, y entenderéis fácilmente por qué está catalogado como un grandísimo JRPG y una de las mayores joyas de la veterana consola de 64 bits de Nintendo. Sí, todo lo que vimos aquí se mejoró hasta las últimas consecuencias con La Puerta Milenaria, pero el impacto que tuvo el original y el encanto que sigue teniendo hacen de él un juego que nunca nos cansaremos de recomendar.

¿Y vosotros? ¿Tuvisteis la oportunidad de jugarlo en su momento? ¿Cuál es vuestro Paper Mario favorito? ¿Os gustaron los experimentos que Intelligent Systems ha hecho con la serie a partir de Super Paper Mario? ¿Qué esperáis de The Origami King? ¡Dejadnos vuestros comentarios!

Carlos Leiva
Colaborador
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