Las polémicas de Mortal Kombat

Repasamos las reacciones ante el Mortal Kombat original y recorremos algunas de las polémicas que se derivaron.
Las polémicas de Mortal Kombat
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Censura doméstica

Sigamos todavía en 1993. Mortal Kombat II llega a los salones recreativos, y el primero se adapta prácticamente a todo sistema doméstico posible. Las ediciones de consola más importantes fueron, claro, las de Megadrive y Super Nintendo, las 16 bits de Sega y Nintendo que se disputaban el mercado. SNES había empezado con ventaja en la lucha con Street Fighter II, pero Sega no iba a andar a la zaga con este polémico título de Midway.

Las dos versiones llegaron con sorpresa: no había sangre. Los litros de sangre que se desparramaban por el escenario durante la lucha fueron sustituidos por sudor; grisáceo, sí, pero sudor. Hubo también cambios en algunos aspectos de la jugabilidad con respecto al original de los salones recreativos, pero nosotros nos centraremos principalmente en otros aspectos del título.

Las polémicas de Mortal Kombat

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Los usuarios de Megadrive contaban, eso sí, con un truco que les permitía reintroducir la sangre, y recuperar los Fatalities no modificados en su paso a consola para suavizar la experiencia visual. Pulsando los botones del mando, si el usuario introducía el código "ABACABB", se abría ante él un mundo de violencia. Como nota curiosa, al año siguiente, en 1994, llegó la versión de Mega CD, y ya contaba con clasificación por edades (recomendado para mayores de 17 años) y no hacía falta usar el código, pues ya venía en versión "original" de serie.

En Super Nintendo pronto corrió como la pólvora la leyenda urbana de que había otro código que permitía, como en la consola rival, disfrutar del juego en todo su esplendor sangriento… pero no era así. Lo máximo que se consiguió fue, gracias al Game Genie (un cartucho intermediario que permitía introducir códigos con trucos alterando los juegos originales, similar al Action Replay) cambiar el color del sudor, pero no se recuperaban los Fatalities originales, claro.

Eso avivó mucho las batallas entre fanáticos de aquellos años: en SNES el juego lucía y se oía mucho mejor, pero había algunos cambios en la jugabilidad, mientras que en Megadrive este campo era más fiel al original. Y, claro, todo el tema de la sangre. Las discusiones, como algunos recordarán, se sustentaban en argumentos tan peregrinos como que en Megadrive los nombres de los personajes se habían mantenido inscritos dentro de la barra de energía, pero no así en Super Nintendo. Como vemos, el nivel de las discusiones entre fanáticos no ha cambiado desde entonces.

Es posible pensar que el mundo del PC se mantuvo ajeno a esta polémica, y en esencia así fue. La versión para MS-DOS posiblemente era la más próxima al original, tanto en su estilo como en su jugabilidad. Amiga, por su parte, tuvo que lidiar con un control endemoniado, pues los mandos de esos años para el ordenador estaban limitadísimos en botones, pero era visualmente inferior, más en la línea de Megadrive y, además, con tiempos de espera, y una banda sonora mucho más limitada.

Las polémicas de Mortal Kombat 1

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Las portátiles también contaron con su ración de censura. El color de la sangre no preocupaba en la verdosa pantalla de la Game Boy original, pero lo cierto es que también se modificaron Fatalities para hacerlos menos brutales, y perdió a parte del limitado plantel de personajes (Johnny Cage y el secreto Reptile); eso sí, Goro era jugable (con truco). Game Gear, por su parte, tuvo una versión sustancialmente mejor, opción de introducir un truco para eliminar la censura, y perdía también personajes (además de Reptile, en esta ocasión fue Kano el descartado).

Tan sólo un año más tarde, Mortal Kombat II llegó a las consolas, y lo hizo sin censura en ninguna de sus versiones domésticas. Las ventas de la versión de Super Nintendo del primer Mortal Kombat fueron menores, y se atribuyó a la censura aplicada, así que en esta ocasión se prescindió de códigos, de trucos y de pamplinas. El sistema ESRB, además, respaldaba su contenido con una recomendación por edades que apuntaba ya a los adultos.

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