Tras años de anuncios, cambios y ajustes sociales, parece que la digitalización de la identidad en España ya no es una promesa lejana, sino una realidad tangible con la llegada del DNI en el móvil. Pero todo, tras la pompa durante el anuncio del Gobierno y las supuestas facilidades para la transición, no parece tan sencillo. Y, ni mucho menos, seguro. El experto Fernando Acero Martín, coronel retirado y actual responsable de Seguridad Global en el Grupo Oesía, destaca una cuestión crucial: el alcance real y los límites de este nuevo formato.
Si bien la aplicación MiDNI sugiere que el documento físico podría quedar relegado, Acero advierte que esta idea, aunque atractiva, no se sostiene del todo ni en términos técnicos ni jurídicos. Actualmente, el DNI digital no reemplaza al tradicional, sino que lo complementa. Asumir lo contrario puede ser un error con consecuencias.
Ya está en circulación pero tiene una gran pega: el DNI electrónico es un avance en España pero aseguran que es una promesa arriesgada
"La afirmación de que el DNI electrónico sustituye completamente al físico es, en este momento, incorrecta y hasta arriesgada desde el punto de vista legal", explica. Si bien es cierto que esta identificación digital puede funcionar en muchos escenarios cotidianos, eso no lo convierte en un sustituto pleno.
El primer obstáculo es la realidad diaria para millones de españoles. El DNI digital depende de un móvil operativo: batería, conexión a internet y un sistema sin fallos. Basta con que uno de estos elementos falle, con algo tan común como quedarse sin batería o perder cobertura, para que el ciudadano se quede sin una forma inmediata de identificarse. En determinadas situaciones, esto puede generar problemas reales, desde retrasos en gestiones hasta acabar en dependencias policiales mientras se verifica la identidad.
El contraste con el documento físico es evidente. El DNI tradicional funciona siempre, sin depender de nada más, y no entiende de caídas de red ni de terminales averiados. A esto se suma el componente legal, aún más restrictivo, ya que el formato digital no cubre usos esenciales como documento de viaje, firmas electrónicas en todos los casos ni el voto, este último descartado en procesos electorales recientes por falta de garantías técnicas y el centro de la gran polémica en las últimas semanas en España.
Un factor especialmente delicado, según el experto, es la continuidad del servicio. En un contexto de ciberataques y fallos tecnológicos crecientes, confiar toda la identificación a un único canal digital sin alternativa física supone un riesgo evidente. Una caída del sistema o un incidente de seguridad podría dejar a millones de personas sin capacidad de acreditarse de forma inmediata. Basta con imaginar un apagón como el de 2025 o una emergencia donde las infraestructuras digitales fallen: ¿cómo demuestran quiénes son si todo depende de un dispositivo que no funciona?
Por eso, expertos como Acero insisten en que el DNI digital es una herramienta útil, incluso necesaria en la modernización, pero no puede reemplazar al físico. Hacerlo genera una falsa sensación de seguridad e impone una dependencia tecnológica que no todos los ciudadanos pueden asumir. El problema no se limita al DNI; ocurre algo similar con otras aplicaciones oficiales, como la de la DGT. Sin el documento físico o el DNI electrónico, el acceso a estos sistemas puede fallar en el momento más inoportuno, complicando situaciones rutinarias como una identificación en carretera.
En un Estado de Derecho, la identificación debe ser universal, fiable y resistente a fallos. Actualmente, esta solidez reside principalmente en el soporte físico, mientras que el formato digital avanza, aunque todavía limitado por la tecnología y sus inherentes restricciones.















