El Gobierno federal de Estados Unidos lleva años explorando una vía tan polémica como ambiciosa: reutilizar las antiguas ojivas nucleares almacenadas desde la Guerra Fría, armas que nunca se utilizaron, para transformarlas en combustible para la nueva generación de centrales eléctricas. Este plan entra ahora en una fase decisiva, ya que la Administración Trump se prepara para cerrar acuerdos con cinco compañías privadas que podrían acceder, por primera vez, a este plutonio de uso militar con fines energéticos.
El Departamento de Energía ha designado a Oklo Inc, Exodys Energy, SHINE, Standard Nuclear y Flibe Energy como las empresas con las que iniciará negociaciones para gestionar este material estratégico. Esta iniciativa forma parte de una estrategia más amplia para acelerar la innovación nuclear, reforzar la seguridad del suministro energético nacional y atraer inversión privada a un sector clave para el futuro.
Estados Unidos planea modificar sus regulaciones para convertir el plutonio de armas nucleares en combustible para centrales eléctricas
El interés se centra especialmente en los reactores modulares, instalaciones más pequeñas, flexibles y con menores costes de mantenimiento que las centrales nucleares tradicionales. Esta tecnología ha despertado una fuerte demanda potencial, impulsada en gran parte por el crecimiento exponencial del consumo eléctrico asociado a la inteligencia artificial y a los grandes centros de datos, lo que ha llevado incluso a varias tecnológicas a respaldar proyectos del sector nuclear.
Hay problemas claros. El desarrollo de estos reactores se enfrenta a un problema inmediato -y no hablamos de algo menor-, pues necesitan el combustible para funcionar. Estos sistemas requieren uranio altamente enriquecido, un recurso cuya cadena de suministro ha sufrido importantes tensiones en los últimos años. Hasta la invasión de Ucrania en 2022, Rusia era uno de los principales proveedores para Estados Unidos, lo que ha obligado a buscar alternativas.
En este contexto, empresas como Oklo ven en las reservas de plutonio militar almacenadas en el país una posible solución estratégica para sus proyectos, al tiempo que se fortalecen las capacidades nacionales de enriquecimiento de uranio. Este cambio de enfoque representa una ruptura con la política de la Administración Biden, que abogaba por diluir y almacenar este plutonio en instalaciones seguras en Nuevo México. Ahora, se prioriza su reaprovechamiento como recurso energético.
Sin embargo, esta decisión no está exenta de controversia. Diversos sectores políticos, especialmente dentro del Partido Demócrata, han expresado su preocupación por los posibles riesgos de seguridad que conlleva abrir el acceso a material nuclear de uso militar a empresas privadas. Entre estos riesgos se encuentran la posibilidad de desvíos hacia actores no estatales o países considerados sensibles. Además, advierten que esta estrategia podría debilitar la posición de Estados Unidos a la hora de exigir restricciones internacionales sobre el uso civil del material nuclear.















