Cada verano, las altas temperaturas impulsan a miles de personas a buscar alivio en playas, ríos y lagos. Estos últimos se han convertido en una opción cada vez más popular para escapar del calor, aunque los especialistas advierten que el baño en aguas dulces no está exento de riesgos.
Los expertos en salud aclaran que los lagos no son inherentemente peligrosos. De hecho, millones de personas se bañan en ellos cada temporada sin problemas, pero al ser ecosistemas naturales, su calidad puede variar significativamente, favoreciendo la presencia de microorganismos que causan infecciones.
Los expertos coinciden: 'Bañarse en lagos de agua dulce conlleva grandes riesgos por la presencia de microorganismos'
A diferencia de las piscinas, los lagos carecen de sistemas de depuración y tratamientos químicos para controlar constantemente el estado del agua. Factores como la temperatura, las lluvias, la proliferación de algas o la llegada de contaminantes pueden alterar sus condiciones rápidamente.
Los escenarios que más preocupan a los especialistas suelen darse en aguas cálidas y con poca circulación, especialmente cuando presentan signos visibles de deterioro. El riesgo aumenta cuando los bañistas ingieren agua accidentalmente o esta penetra por las fosas nasales.
Entre los microorganismos más comunes se encuentran parásitos responsables de infecciones intestinales. Los más conocidos son Giardia y Cryptosporidium, capaces de provocar diarrea, dolor abdominal, náuseas y otros trastornos digestivos.
La giardiasis, causada por Giardia, es una de las infecciones parasitarias más frecuentes asociadas al agua dulce. Aunque suele ser leve y responder bien al tratamiento médico, puede causar deshidratación si los síntomas persisten durante varios días. Pocas amenazas generan tanta atención mediática como Naegleria fowleri, conocida popularmente como la “ameba come-cerebros”. Aunque es una infección extraordinariamente infrecuente, también es una de las más peligrosas que pueden asociarse a determinadas aguas dulces templadas.
Los médicos explican que el contagio no se produce al beber agua contaminada. El problema surge cuando el agua entra por la nariz, permitiendo que el microorganismo alcance el cerebro y desencadene una enfermedad conocida como meningoencefalitis amebiana primaria.
A pesar de su enorme repercusión mediática, los casos registrados cada año son muy escasos. Precisamente por esa rareza, los expertos recuerdan que el riesgo para la población general sigue siendo extremadamente bajo, aunque la gravedad de la infección obliga a buscar atención médica urgente ante cualquier síntoma sospechoso.
Los especialistas coinciden en que no existe ningún motivo para renunciar a los lagos durante el verano, siempre que se adopten unas precauciones básicas. Entre las recomendaciones más importantes destacan consultar los avisos sobre la calidad del agua antes de acudir a una zona de baño y evitar aquellas áreas que presenten agua turbia, espuma, olores desagradables o indicios evidentes de contaminación. También aconsejan ducharse tras el baño, secarse correctamente y mantener una buena higiene de manos antes de comer. Medidas sencillas que ayudan a reducir aún más unos riesgos que, aunque existen, siguen siendo poco frecuentes para la inmensa mayoría de los bañistas.















