El magnate Elon Musk vuelve a empujar una idea que mezcla promesa tecnológica y vértigo social: la inteligencia artificial no solo destruirá empleo, sino que obligará a inventar una nueva forma de renta para una sociedad en la que trabajar dejaría de ser necesario. En una conversación en la Abundance Summit con Peter Diamandis, el dueño de Tesla y xAI defendió que el futuro no será de “renta básica universal”, sino de “ingresos altos universales”, porque, según él, la producción automatizada de bienes y servicios crecerá tanto que el dinero perderá parte de su sentido actual. La frase más llamativa fue esta: “Básicamente, emitiremos dinero a la gente”, porque la oferta de bienes y servicios “superará con creces la oferta monetaria”.
La idea no apareció aislada, sino dentro de una reflexión más amplia sobre Tesla, la robótica y el papel de los humanos en la economía que viene. Musk aseguró que Tesla no planea despidos y que incluso espera aumentar su plantilla, aunque con una productividad por empleado “increíblemente alta” gracias a la IA y a los robots. Es decir, su mensaje a corto plazo no es que la automatización vaya a vaciar Tesla, sino que multiplicará la capacidad de cada trabajador mientras la empresa sigue creciendo.
Una abundancia prometida que cambiaría la lógica económica
Lo más llamativo del planteamiento es que Musk no habla de una ayuda mínima para sobrevivir, sino de una abundancia tan extrema que cambiaría por completo la lógica económica. En su visión, cuando robots y sistemas de IA se encarguen de fabricar casi todo, el gran problema dejará de ser la escasez. Por eso rechaza la etiqueta clásica de universal basic income y la sustituye por universal high income: no una red para evitar la pobreza, sino una renta repartida en un mundo donde producir sea tan barato y masivo que aparezca incluso una presión deflacionaria.
La teoría, claro, choca con lo que está ocurriendo ya en buena parte del sector tecnológico. Mientras Musk dibuja ese futuro de abundancia, empresas como Atlassian o Block han sido citadas por Business Insider como ejemplos recientes de compañías que están recortando plantilla en plena reestructuración ligada a la IA. La diferencia es importante: para unos, la IA ya es una herramienta para adelgazar costes; para Musk, todavía forma parte de una transición en la que primero se dispara la productividad y solo después se redefine el papel del trabajo humano.
La gran duda sigue siendo quién reparte esa riqueza
En el fondo, todo esto conecta con la gran apuesta industrial de Tesla: Optimus, el robot humanoide en el que Musk lleva años apoyando su relato sobre el futuro del trabajo. Si ese tipo de máquinas termina ocupando tareas físicas repetitivas y la IA absorbe cada vez más funciones cognitivas, la pregunta deja de ser si habrá empleo suficiente y pasa a ser quién controla la riqueza generada por esa automatización. Musk responde con una idea provocadora y extremadamente simple: emitir dinero y redistribuir una parte de esa abundancia. Lo que no resuelve con la misma claridad es quién la financia, cómo se reparte y qué pasa con el poder económico si los sistemas productivos quedan concentrados en unas pocas empresas. Esta última parte es una inferencia basada en sus declaraciones sobre emisión de dinero y automatización total.
Así que la noticia no es solo que Musk crea que la IA quitará trabajos. Eso ya lo lleva diciendo años. La novedad es que ahora formula esa predicción en términos mucho más radicales: no como un mundo de subsidios de emergencia, sino como una economía donde el trabajo humano sería secundario y el ingreso llegaría porque producir sería casi trivial.















