España ha dado un paso sin precedentes en su política de seguridad. El lunes pasado, el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicó la primera Estrategia Nacional Contra la Proliferación de Armas de Destrucción Masiva. Este documento marco establece las líneas de actuación para prevenir y contener la expansión de armas nucleares, químicas o biológicas que puedan amenazar la seguridad nacional y el equilibrio internacional.
En un contexto internacional marcado por la fricción constante entre potencias, el Gobierno español prioriza la no proliferación y la diplomacia como herramientas clave. Su hoja de ruta se divide en dos planos. En el ámbito exterior, España busca reforzar el multilateralismo y contribuir a la revitalización de un orden internacional basado en reglas. Internamente, el objetivo es fortalecer las capacidades del Estado -administraciones públicas, organismos competentes y sociedad civil- para detectar, prevenir y neutralizar cualquier actividad relacionada con la proliferación dentro de sus fronteras.
El BOE hace oficial la hoja de ruta de España frente a las armas de destrucción masiva y la amenaza nuclear
La nueva Estrategia actualiza el documento aprobado en 2003, reconociendo un cambio drástico en el contexto global. Destaca la invasión rusa de Ucrania como un punto de inflexión y señala el progresivo deterioro del multilateralismo, un fenómeno que trasciende el ámbito del desarme. Según el Ejecutivo, el sistema internacional de control de armamentos y no proliferación se encuentra en una etapa “crítica”, erosionado tanto por la guerra como por el cuestionamiento de sus pilares fundamentales por parte de diversos actores.
A esta coyuntura se suman crisis enquistadas que llevan años tensando la arquitectura global, como los programas nucleares de Irán y Corea del Norte, que aún no cuentan con una resolución definitiva. El documento también lamenta la paralización del diálogo estratégico entre Estados Unidos y Rusia en materia de control de armamentos, una suspensión que, advierte, dificulta cualquier intento de reconducir la crisis estructural del sistema.
Además, la Estrategia señala la retórica nuclear empleada por Moscú con fines propagandísticos y decisiones como el despliegue de armamento nuclear en Bielorrusia, medidas que contribuyen a la inestabilidad y obstaculizan avances tangibles en desarme.
El texto señala que Oriente Próximo es un foco persistente de inestabilidad con repercusiones directas en el orden internacional. Además, menciona el desarrollo de vectores de lanzamiento por parte de Corea del Norte y el uso de armas químicas en Siria como ejemplos de la erosión progresiva de la arquitectura global de no proliferación y desarme. Ante este panorama, España refuerza su papel diplomático y fortalece su capacidad interna de respuesta ante un riesgo que ya no se percibe como remoto, sino como una amenaza real y compleja.















