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Irán está sumida en una 'noche tóxica perpetua': Teherán sufre una lluvia de petróleo infinita tras los ataques a las refinerías

Las refinerías obsoletas de Irán y el inmovilismo del aire por la inversión térmica han transformado Teherán en una trampa de gases venenosos.
Irán está sumida en una 'noche tóxica perpetua': Teherán sufre una lluvia de petróleo infinita tras los ataques a las refinerías
Alberto González ·
Actualizado: 16:36 24/3/2026
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El agua de las reservas de emergencia ya no es transparente; ahora es un líquido negro y espeso. Las calles, antes transitables, se han cubierto de una capa resbaladiza de petróleo. "La noche se convirtió en mañana y la mañana, con todo el humo, volvió a ser noche", relataba un vecino atónito.

No se trata de una película distópica: esta es la cruda realidad en Teherán tras los bombardeos sobre las refinerías iraníes, según documenta The New York Times. Las explosiones han provocado una lluvia cargada de aceite y toxinas que mancha coches, tejados y ropa tendida, obligando a las autoridades y a la Media Luna Roja a pedir a los más de 9 millones de habitantes que permanezcan en casa, con especial cuidado para niños, ancianos y embarazadas.

Teherán atrapada: lluvia de petróleo y contaminación letal tras los ataques a las refinerías

El fuego continúa ardiendo en depósitos como Shahran y Aqdasieh, liberando columnas de humo denso que se elevan hacia la atmósfera. El combustible que arde, conocido como mazut, es un residuo de petróleo de muy baja calidad con altísimos niveles de azufre, prohibido en gran parte del mundo pero aún usado en Irán por sus refinerías obsoletas y las sanciones internacionales.

Teherán y la lluvia tóxica
El humo, el hollín y el petróleo caen sobre la ciudad atrapada por su propia geografía; la capital iraní se convierte en un infierno químico sin fin

Cuando comenzó a llover negro, las gotas actuaron como esponjas, atrapando hollín, dióxido de azufre y compuestos de nitrógeno antes de caer sobre la ciudad, explica Akshay Deoras, científico de la Universidad de Reading. La situación empeora por la geografía: Teherán está rodeada por los montes Alborz, que generan una inversión térmica que atrapa el aire contaminado cerca del suelo, impidiendo su dispersión.

Irán sumida en una lluvia tóxica

Los habitantes sufren irritación ocular, dolores de cabeza y problemas respiratorios inmediatos, mientras que la lluvia ácida provoca quemaduras químicas en la piel, como explican en The Guardian. A largo plazo, los médicos alertan del riesgo de enfermedades cardiovasculares, daños cognitivos, alteraciones genéticas y cáncer, debido a partículas finas y metales pesados liberados por las explosiones y las municiones.

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La contaminación también alcanza el agua y los cultivos, afectando la cadena alimentaria en un país ya golpeado por la sequía. El desastre ambiental, calificado por Irán como “ecocidio”, se ve agravado por vacíos legales internacionales que permiten atacar depósitos de combustible sin ser considerados ataques químicos, dejando a la población atrapada en un legado tóxico que perdurará generaciones.

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