Suiza ha encontrado una forma insólita de ampliar la producción de energía solar sin construir nuevas plantas fotovoltaicas ni ocupar más terreno. La start-up Sun-Ways ha convertido el espacio entre los raíles del ferrocarril en una superficie capaz de generar electricidad mediante paneles solares desmontables, todo ello mientras los trenes continúan circulando con total normalidad.
El proyecto piloto se desarrolla en la localidad de Buttes, en el cantón de Neuchâtel, sobre un tramo de unos 100 metros gestionado por la operadora TransN. En esa sección se han instalado 48 paneles fotovoltaicos apoyados sobre las traviesas, con una potencia conjunta de 18 kW.
La electricidad producida no alimenta directamente a los convoyes, sino que se inyecta en la red eléctrica, demostrando que una infraestructura ferroviaria puede convertirse también en una fuente de energía renovable.
La propuesta reutiliza un espacio infrautilizado de la red ferroviaria para producir electricidad limpia sin construir nuevas plantas solares
La principal innovación de la tecnología desarrollada por Sun-Ways reside en que los paneles pueden retirarse fácilmente cuando es necesario realizar labores de mantenimiento. Esta característica permite inspeccionar la vía, sustituir traviesas o efectuar reparaciones sin modificar el funcionamiento habitual del ferrocarril, un aspecto imprescindible en una infraestructura sometida a estrictas normas de seguridad.
Los primeros resultados son alentadores. Desde que la instalación comenzó a funcionar en mayo de 2025, el tramo experimental ha producido más de 16.000 kWh de electricidad, suficiente para cubrir el consumo anual de varios hogares. Aunque se trata de una prueba de dimensiones reducidas, la empresa calcula que un solo kilómetro equipado con este sistema podría generar alrededor de 200 MWh al año, energía suficiente para abastecer unas 60 viviendas.
El mayor atractivo del proyecto es que aprovecha un espacio ya existente. Frente a los debates que suelen acompañar la construcción de nuevos parques solares por su impacto sobre el paisaje o el uso del suelo, las vías ferroviarias representan corredores ya acondicionados que podrían convertirse en pequeños productores de electricidad sin consumir nuevos terrenos.
Aun así, el proyecto continúa en fase experimental y permanecerá en pruebas durante tres años. Los ingenieros deberán comprobar cómo responde la instalación durante el invierno, cuál es su coste real de mantenimiento y cómo envejecen los materiales con el paso del tiempo.
Hasta ahora, las cifras invitan al optimismo. Según Sun-Ways, más de 11.000 trenes han pasado ya sobre los paneles sin provocar incidencias. Además, el paso de los convoyes genera corrientes de aire que ayudan a limpiar parcialmente las placas solares. El interés internacional ya es evidente y Francia, junto al grupo SNCF, estudia aplicar esta tecnología en su propia red ferroviaria.















