'Resident Evil' lleva más de dos décadas deambulando por la gran pantalla sin demasiada fortuna. Desde las primeras adaptaciones, firmadas por Paul W.S. Anderson y protagonizadas por Milla Jovovich, la saga de Capcom no ha parado de dar bandazos de un lado a otro, con producciones más fieles a los videojuegos y otras apuestas más arriesgadas que reinterpretaban el apocalipsis de monstruos desatado por la Corporación Umbrella.
Tras el batacazo comercial de 'Bienvenidos a Raccoon City' en 2021, ahora Zach Cregger, considerado uno de los nuevos genios del terror, irrumpe en la franquicia con un largometraje fresco y valiente que rompe con todos los proyectos de 'Resident Evil' vistos hasta la fecha, apostando por una historia independiente y no ligada al material original -aunque con múltiples guiños- para sumergir al público en la experiencia más cercana a los juegos.
Mediante un ejercicio de renuncia, Cregger configura un relato autónomo y autosuficiente que se desarrolla en paralelo a la narrativa principal de 'Resident Evil', apostando por un nuevo protagonista que sirve como pilar y motor de una trama tan sencilla como efectiva y frenética. El también responsable de 'Barbarian' ubica su película en el estallido del T-Virus en la conocida Raccoon City. Bryan (Austin Abrams), un mensajero médico, acepta un peligroso encargo que lo lleva a las entrañas de la peligrosa y popular ciudad mientras enfrenta todo tipo de peligros.
Bajo sus habituales parámetros detrás de las cámaras y su obsesión por lo inesperado, Cregger apuesta por una película totalmente desvergonzada que no tiene miedo a hacer uso de la comedia -un tanto desmedida en ocasiones- para llevar a los espectadores a través de un viaje llamado pesadilla que busca transmitir lo que es jugar a 'Resident Evil' de la manera más inteligente y efectiva posible: con torpeza, slapstick, ironía y sorpresa. El cineasta no quiere imitar a los videojuegos, sino mostrar cómo sería vivir desde dentro los mismos si los jugadores se vieran rodeados por una situación similar a la de Bryan, un declarado gamer en la producción de Sony.
Para que nos entendamos: la nueva 'Resident Evil' es la menos 'Resident Evil' de todas y, aún así, funciona mejor que otros proyectos que han intentado calcar la saga al milímetro, representando a personajes y criaturas de una manera tremendamente precisa. Ahí, no obstante, puede que resida la clave del éxito del nuevo fenómeno de Cregger, que tras 'Weapons' vuelve a firmar una obra que ha hecho enloquecer a los seguidores del fantástico combinando comedia, terror y acción en un cóctel que utiliza las características y componentes de los juegos simplemente como telón de fondo, regalando un sinfín de referencias a los veteranos -que van a estar todo el metraje señalando a la pantalla-.
Con aroma festivalero y con una máscara de DLC, Zach Cregger repite pelotazo dentro del género fantástico con una versión macabra del mundo de Capcom, con nuevos monstruos y seres infernales que regalan varias escenas memorables con generosas dosis de hemoglobina. Puede que su humor sea un problema cuando se emplea en exceso, pero la maravillosa interpretación de Austin Abrams permite que el tono sea más llevadero y su sencilla historia invita al disfrute y desconexión.
