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No es una película de terror, descubren que los hombres de Atapuerca eran caníbales: 'No fue por hambruna extrema'

Si el Homo antecessor ya mostró indicios de canibalismo hace 800.000 años, ahora sabemos que esa práctica, al menos en algunos casos, sobrevivió hasta bien entrado el Neolítico.
No es una película de terror, descubren que los hombres de Atapuerca eran caníbales: 'No fue por hambruna extrema'
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Actualizado: 11:20 9/8/2025
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La sierra de Atapuerca, conocida por aportar algunas de las evidencias más antiguas de la presencia humana en Europa, vuelve a situarse en el epicentro de la investigación arqueológica con un descubrimiento impactante. En la cueva de El Mirador, un equipo liderado por la doctora Palmira Saladié ha documentado pruebas claras de canibalismo practicado hace 5.700 años por comunidades neolíticas locales. Los restos óseos de once personas —niños, adolescentes y adultos— muestran marcas inequívocas de despellejamiento, descarnado, fracturas para extraer médula, cocción y huellas de dientes humanos.

Lo que hace único este hallazgo es que no responde ni a un ritual funerario ni a una hambruna desesperada, sino a lo que los investigadores interpretan como un acto deliberado de violencia intergrupal.

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De la excavación al laboratorio: una historia escrita en hueso

El análisis tafonómico de los restos, conservados en un estado excepcional, ha permitido reconstruir con detalle el destino de las víctimas. Según el estudio, publicado en Scientific Reports, el episodio se desarrolló en un periodo muy breve, lo que descarta que se tratase de un patrón prolongado en el tiempo. El examen isotópico de estroncio (87Sr/86Sr) ha revelado que todos los individuos eran de origen local, lo que contradice la idea de que fueran cautivos traídos desde otras regiones. La datación por radiocarbono sitúa la matanza entre los años 5.700 y 5.570 antes del presente, justo antes de que la cueva dejara de usarse como espacio habitacional y pasara a convertirse en lugar de enterramiento colectivo.

Violencia como mecanismo de control social

Para los investigadores, la brutalidad de este acto no es un simple exceso aislado, sino una forma extrema de reafirmar el poder o eliminar amenazas dentro de un contexto de tensiones entre grupos. El doctor Antonio Rodríguez-Hidalgo señala que “incluso en sociedades con baja estratificación, se dan episodios de violencia en los que se procede al consumo de los enemigos como forma de eliminación extrema”. Este comportamiento, documentado en distintas culturas y épocas, podía servir para enviar un mensaje disuasorio a rivales potenciales, reforzando la cohesión interna de la comunidad vencedora a través de un acto que combinaba la aniquilación física con la humillación simbólica.

El caso de El Mirador no es un hecho aislado en la prehistoria europea. Los autores lo relacionan con masacres contemporáneas como las de Talheim (Alemania) o Els Trocs (Huesca), y con yacimientos que muestran la misma combinación de violencia y canibalismo, como la Cueva de Fontbrégoua en Francia o el asentamiento de Herxheim en Alemania. En todos ellos, la arqueología revela escenarios de conflicto intenso en los que aldeas enteras eran atacadas y, en ocasiones, sus habitantes asesinados y consumidos. Este patrón sugiere que la transición a comunidades agrícolas y ganaderas no trajo necesariamente paz y estabilidad, sino que en algunos lugares generó una competencia feroz por los recursos.

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