La escalada en torno a Irán y el miedo recurrente a una crisis nuclear han rescatado una de esas historias de internet que suenan demasiado bien para no repetirse: la idea de que la tecla Esc nació para detener un desastre atómico. La realidad es menos cinematográfica, pero bastante más interesante. La tecla Escape no fue creada como un botón de emergencia nuclear, aunque sí está unida indirectamente a uno de los grandes pioneros que ayudaron a evitar otro pánico tecnológico con consecuencias potencialmente muy serias: Bob Bemer.
Bemer, una figura clave en la historia de la informática, participó en el desarrollo del estándar ASCII y fue responsable de varios caracteres, entre ellos ESC, además de la barra invertida y las llaves. El Computer History Museum lo resume con claridad: fue uno de los grandes impulsores del lenguaje común que permitió a ordenadores de distintos fabricantes entenderse entre sí. En ese contexto nació el carácter Escape, pensado para indicar una salida, un cambio o una transición dentro de un sistema de códigos, no como un interruptor contra una catástrofe.
Cómo nació realmente el mito de la tecla Esc
Con el tiempo, aquel carácter técnico acabó convertido en tecla física y fue adoptando el uso que hoy conocemos: cancelar, salir, interrumpir una acción. Ahí es donde empezó a crecer el mito. Como “escape” ya sonaba a huida o detención, y como Bemer acabó ligado años después a otro gran sobresalto tecnológico, mucha gente terminó uniendo ambas historias hasta construir una sola. Lo que sobrevivió no fue la cronología real, sino una versión simplificada mucho más atractiva.
La segunda parte de esa confusión tiene nombre propio: efecto 2000. Bemer fue uno de los primeros en advertir públicamente del riesgo de que muchos sistemas informáticos, al usar solo dos cifras para el año, interpretaran el paso de 1999 a 2000 como un salto hacia 1900. Sus archivos conservados por el Computer History Museum dedican una parte enorme precisamente a ese trabajo de alerta y corrección, y medios como Los Angeles Times lo recordaron al morir como uno de los pioneros que más pronto vio venir el problema.
La parte nuclear sí existió, pero llegó por otro camino
Ese miedo no era del todo imaginario. En 1999, durante una prueba relacionada con Y2K en la central nuclear de Peach Bottom, en Pensilvania, un técnico cambió por error la fecha del sistema operativo del ordenador que debía simular el fallo y provocó que los equipos de la planta se bloquearan. Según la documentación recopilada sobre el problema Y2K, la instalación tardó unas siete horas en recuperar el funcionamiento normal y tuvo que recurrir a equipos manuales de vigilancia durante ese tiempo. La NRC confirmó además en noviembre de 1999 que las 103 centrales nucleares de EEUU estaban ya preparadas para el cambio de fecha.
Así que el mito mezcla tres hechos reales, pero distintos: Bemer ayudó a crear el carácter ESC; Bemer fue también una de las voces más tempranas contra el Y2K; y el Y2K sí llegó a preocupar seriamente por su posible impacto en infraestructuras sensibles, incluidas plantas nucleares.















