Después de décadas de promesas incumplidas y planes archivados, el Gobierno italiano ha aprobado de forma definitiva el proyecto para construir el puente sobre el estrecho de Mesina, una megaobra que conectará la isla de Sicilia con la región continental de Calabria. Con una inversión inicial de más de 13.500 millones de euros y un calendario de ejecución que se extiende hasta 2033, la estructura promete ser el puente colgante más largo del mundo, con un vano central de 3.300 metros y un impacto potencial que va mucho más allá de la ingeniería.
De 3 horas a 15 minutos
Impulsado por el viceprimer ministro y ministro de Infraestructuras, Matteo Salvini, el proyecto ha sido presentado como un emblema del renacimiento del sur de Italia y una pieza clave para cerrar el corredor transeuropeo de transporte. Según el Ejecutivo, no solo reducirá el tiempo de viaje entre las dos regiones —de hasta tres horas en ferry a menos de quince minutos en carretera—, sino que también generará alrededor de 120.000 puestos de trabajo directos e indirectos durante su construcción. La infraestructura combinará tres carriles de autopista por sentido, dos vías ferroviarias y dos carriles de emergencia, sobre una plataforma de 60 metros de ancho suspendida por torres de casi 400 metros de altura.
El consorcio encargado de ejecutar el proyecto, Eurolink, está liderado por la empresa italiana Webuild y cuenta con la participación de más de 230 compañías, incluidas la española Sacyr (con un 22,4 % del total), y firmas japonesas y danesas. Se trata de un despliegue técnico y financiero de dimensiones excepcionales, comparable a grandes hitos globales como el puente Akashi Kaikyō en Japón o el de Hong Kong-Zhuhai-Macao. Salvini no dudó en calificarlo como una "obra sin precedentes en el mundo" y "un sueño que finalmente se hace realidad".
Sin embargo, no todo es entusiasmo. Diversas asociaciones ecologistas y plataformas ciudadanas han alzado la voz contra el proyecto, alertando del impacto que podría tener sobre el frágil ecosistema marino del estrecho y sobre las aves migratorias que cruzan la zona. Más grave aún, la Dirección de Investigación Antimafia ha advertido del riesgo de infiltración por parte de las mafias locales, como la 'Ndrangheta calabresa o la Cosa Nostra siciliana. Las dimensiones financieras y logísticas del proyecto lo convierten en una diana atractiva para redes delictivas especializadas en licitaciones públicas, lavado de dinero y cooptación de empresas subcontratadas.
La idea de un puente entre Sicilia y el continente no es nueva: se remonta a 1971, pero fue relanzada con fuerza por Silvio Berlusconi durante su segundo mandato (2001-2006). A pesar del bombo mediático, entonces ni siquiera se colocó la primera piedra. La diferencia ahora es que el proyecto ha superado el filtro del Comité Interministerial para la Planificación Económica y el Desarrollo Sostenible (Cipess) y cuenta con respaldo presupuestario para los ejercicios de 2024 y 2025. Falta aún el visto bueno del Tribunal de Cuentas, pero Salvini confía en iniciar las obras y expropiaciones entre septiembre y octubre de este año.















