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Ni Japón ni Corea: la longevidad humana se esconde en Latinoamérica y la clave de vivir más de 100 años la tiene el mesizaje

La actuales zonas azules acaban de ser desbancadas por Brasil que no para de sumar centenarios.
Ni Japón ni Corea: la longevidad humana se esconde en Latinoamérica y la clave de vivir más de 100 años la tiene el mesizaje
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Actualizado: 10:30 18/1/2026
envejecimiento mestizaje
genes

Durante años, cuando alguien quería “descifrar” por qué algunas personas llegan a los 100 (o los superan con holgura), la conversación saltaba casi siempre a los mismos lugares: islas, pueblos y mapas míticos de longevidad. Pero en enero de 2026, una idea gana fuerza con otro acento: si buscas pistas biológicas de verdad, quizá conviene mirar a Brasil, un país menos “postal” y mucho más útil para la genética moderna.

La apuesta llega desde un equipo vinculado a la Universidad de São Paulo y liderado por la genetista Mayana Zatz junto a Mateus Vidigal de Castro, que ha reunido y analizado datos de un grupo de personas centenarias y supercentenarias para estudiar algo más interesante que el récord de edad: la resiliencia (cómo se aguanta el golpe biológico de décadas, infecciones y enfermedades). El trabajo se presentó como un análisis de alto nivel en Genomic Psychiatry y ha circulado también a través de la Fundação de Amparo à Pesquisa do Estado de São Paulo (FAPESP).

El valor de una diversidad que faltaba en los datos

¿Y por qué Brasil? Porque su historia demográfica ha creado un “mosaico” genético poco común: mezcla de ancestrías indígenas, europeas, africanas y olas migratorias posteriores. Esa diversidad no es un detalle de color; es un problema (y una oportunidad) para la investigación, ya que buena parte de los grandes biobancos internacionales han estado sesgados hacia poblaciones más uniformes. En un escenario así, variantes raras o combinaciones protectoras pueden quedar ocultas… hasta que miras donde la mezcla es la norma.

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En ese marco, el proyecto subraya hallazgos compatibles con la idea de “cuerpos que envejecen mejor”, incluyendo señales inmunológicas llamativas: se destaca el caso de varias personas supercentenarias que sobrevivieron a la COVID-19 antes de la vacunación y, al analizar su perfil, aparecieron indicios de una respuesta innata especialmente eficaz y rutas biológicas asociadas al mantenimiento celular (como procesos vinculados a la autofagia). No es magia ni una receta universal: son pistas sobre qué engranajes podrían estar mejor ajustados en quienes llegan más lejos.

Más allá del mito: longevidad, azar y prevención

También hay una lectura incómoda para el relato popular: la longevidad extrema no es solo “hacer lo correcto” y vivir en el lugar correcto. Incluso los mapas famosos —las llamadas Blue Zones— han sido discutidos por problemas de registro, sesgos y expectativas infladas sobre cuánto puede lograr el estilo de vida frente a la biología. En otras palabras: caminar y comer bien importa (muchísimo para salud), pero no garantiza convertirse en centenario; para eso, la genética y el azar pesan más de lo que vende el marketing de la longevidad.

Lo potente de Brasil, por tanto, no es que ofrezca un nuevo santuario de “vida eterna”, sino un laboratorio humano real para la medicina del futuro: ampliar la diversidad en los datos, encontrar variantes con impacto funcional, entender por qué algunas personas resisten mejor infecciones o deterioro, y convertir esa información en prevención más afinada o dianas terapéuticas (con años de trabajo por delante). Si la obsesión era vivir más, el giro brasileño suena a algo más útil: vivir más tiempo, sí, pero sobre todo con más margen de salud.

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