Durante décadas, Turkmenistán y Azerbaiyán han acariciado la idea de un gasoducto que cruce el mar Caspio y lleve gas a Europa. Un proyecto ambicioso que nunca llegó a despegar, bloqueado por la oposición de potencias como Rusia e Irán, temerosas de perder influencia en la región y, sobre todo, de ceder a Europa un cliente estratégico como Turkmenistán.
Hoy, el tablero geopolítico es distinto. Europa avanza en su estrategia de desvincularse del gas ruso y, desde el inicio del conflicto en Ucrania, busca proveedores alternativos con urgencia. En este contexto, el gasoducto transcaspiano resurge como una opción viable y transformadora. La idea es simple en el concepto: transportar gas natural desde Turkmenistán hasta Azerbaiyán atravesando el lecho marino del Caspio y, desde allí, incorporarlo a los mercados europeos a través de infraestructuras ya existentes.
Europa desafía a Rusia con un gasoducto titánico que promete energía por décadas
“Tras cruzar el Caspio, el gas se conectaría a la red de Azerbaiyán y seguiría su ruta hacia Europa mediante gasoductos como el Transanatoliano (TANAP) y el Transadriático (TAP)”, explica Atalayar. La construcción no solo supondría una alternativa real al gas ruso, sino que podría cambiar por completo el equilibrio energético de la región y abrir las reservas de Asia Central al Viejo Continente.
No obstante, los desafíos persisten. Rusia e Irán podrían intentar frenar el proyecto, conscientes de que su influencia sobre Turkmenistán disminuiría. Además, se trata de una inversión colosal: construir un gasoducto submarino exige capital extranjero y tecnología avanzada. “A diferencia del petróleo, que puede transportarse en buques cisterna con relativa facilidad, el gas natural requiere costosos procesos de licuefacción para su envío”, apunta Luke Coffey, analista senior de seguridad nacional del Hudson Institute.
El gasoducto transcaspiano no es solo un proyecto de ingeniería; es un movimiento estratégico que podría redefinir la autonomía energética europea y reconfigurar la geopolítica del Caspio y Asia Central. Europa observa, mientras Turkmenistán y Azerbaiyán se preparan para dar un paso que llevaba décadas esperando.















