La maquinaria del entretenimiento mundial, aquella que reside en los Los Ángeles, se ha gripado. Lo que durante un siglo fue el motor cultural de Occidente vive ahora una contracción histórica. La producción se ha desplomado, los platós languidecen y decenas de miles de empleos se han desintegrado.
Lo que muchos en California ya definen como un "desastre económico" ha convertido a Hollywood en un símbolo de un sistema agotado, que parece repetir su propio ciclo de crisis, aunque esta vez con cifras sin precedentes. Los medios estadounidenses hablan ya de una "emergencia industrial". Y la pregunta resuena entre ejecutivos y técnicos: ¿estamos presenciando el fin de la era dorada del cine americano?
Hollywood colapsa: más de 42.000 empleos perdidos y una fuga masiva de rodajes hunde al cine estadounidense
Según The Wall Street Journal, la crisis no golpea solo a los estudios y grandes productoras: arrastra consigo a toda la economía local. Restaurantes, alquileres, transporte, técnicos, guionistas, animadores y proveedores sobreviven en pausa permanente. Más de 40.000 empleos se han evaporado desde 2023, una caída superior al 20% del total del sector. La tasa de desempleo entre profesionales del entretenimiento ha alcanzado el 5,7% en el condado de Los Ángeles, por encima del promedio estatal (5,5%) y nacional (4,3%).
Mientras tanto, la actividad cinematográfica en la ciudad ha caído más de un 30%, y los rodajes migran a territorios más amables con los impuestos: Georgia, Nuevo México o Canadá. La señal más clara de la crisis está en los estudios. La ocupación de los platós angelinos cayó en 2024 a un histórico 63%, muy lejos del más del 90% que se mantenía constante entre 2016 y 2022. Solo un 20% de esa actividad correspondió a televisión, víctima directa del freno en la producción seriada.
Las plataformas de streaming, inmersas en recortes y planes de ahorro extremos, han cerrado el grifo de los proyectos, alterando todo el ecosistema. A la tormenta se suman las huelgas de guionistas y actores de 2023, que paralizaron rodajes durante meses y ahuyentaron inversiones. El encarecimiento de la vida y de los costes de producción en Los Ángeles empujó a muchos estudios a buscar destinos con incentivos fiscales más agresivos. Y, como telón de fondo, la saturación del modelo de streaming: tras años de gasto desmedido, las plataformas han virado hacia la rentabilidad, reduciendo presupuestos, series y películas.
La irrupción de la inteligencia artificial solo añade incertidumbre: desde la animación hasta la postproducción, amenaza miles de empleos creativos. Y mientras Hollywood se contrae, el mundo sigue rodando. China, Corea o incluso India llenan salas con sus propias producciones; un anime lidera la taquilla global, y una cinta de ídolos k-pop domina la conversación cultural. El liderazgo que una vez pareció incuestionable se tambalea.















