A mediados de los 2000, el mercado del juguete vivía un momento de transición forzosa. Las consolas portátiles como la Nintendo DS y la PSP empezaban a acaparar la atención infantil, relegando a un segundo plano a los clásicos muñecos y figuras de acción. En ese contexto, empresas como WowWee apostaron por introducir alta tecnología en sus productos, y así nació Robosapien, un robot que prometía ser la evolución natural del Robot Emilio y los Furby.
Lanzado en 2004 con un precio superior a los 100 euros —considerable para la época—, su atractivo residía en funciones llamativas para el público infantil: recoger objetos, bailar, caminar e incluso jugar al fútbol. La campaña de marketing insistía en que había sido diseñado por ingenieros de la NASA, un gancho que, junto a su estética futurista, lo convirtió en el juguete estrella de la temporada.
Hacer películas para vender juguetes no siempre sale bien
El éxito fue arrollador. En apenas seis meses, Robosapien superó el millón y medio de unidades vendidas, generando toda una familia de productos derivados: RoboRaptor, Femisapien o RoboQuad, cada uno con su propio catálogo de accesorios y versiones especiales, incluyendo ediciones inspiradas en Spider-Man o Homer Simpson. WowWee había encontrado un filón, pero como suele ocurrir en la industria juguetera, la fiebre comenzó a enfriarse. Fue entonces, en 2007, cuando la compañía decidió recurrir a un viejo truco de los ochenta: llevar el juguete al cine para reavivar las ventas, una estrategia que funcionó con Transformers o con las películas promocionales de Nintendo, pero que también tenía una larga lista de fracasos.
Para llevar a cabo el proyecto, WowWee se alió con Avi Arad, productor célebre por impulsar las sagas de Spider-Man de Sam Raimi y X-Men, pero también asociado a títulos fallidos como Elektra o Bratz. Arad no solo se implicó en el desarrollo creativo de la película —titulada inicialmente Robosapien: Rebooted—, sino que diseñó personalmente al protagonista y cedió a WowWee los derechos de explotación para fabricar todo el merchandising vinculado al film. La trama, sin demasiadas pretensiones, giraba en torno a un inventor que crea un robot para labores humanitarias y que, al descubrir que su empresa quiere militarizarlo, lo ayuda a escapar. En su huida, el androide entabla amistad con un niño y juntos se enfrentan a los villanos corporativos.
El rodaje se completó en 2008, con la idea de estrenar la película rápidamente para aprovechar el tirón del juguete. Sin embargo, el calendario se fue retrasando y, mientras tanto, el interés del público se desplazaba hacia nuevos fenómenos como los Zhu Zhu Pets o la Nintendo Wii. El estreno internacional acabó siendo testimonial: en Estados Unidos llegó directamente a DVD en mayo de 2013, y solo se proyectó en cines de mercados muy concretos como Reino Unido, México, Bolivia, Perú y Singapur. Para entonces, Robosapien ya no ocupaba las estanterías de moda, y el film se percibía como un anacronismo publicitario.
La película fue una debacle
El balance económico fue devastador. Con un presupuesto estimado de 15 millones de dólares, Cody, el Robosapien apenas recaudó 290.502 dólares a nivel mundial, incluyendo ingresos marginales de un reestreno en 2015 en Qatar y Omán. El objetivo de relanzar las ventas del juguete quedó muy lejos de cumplirse: no se produjo ningún modelo especial vinculado a la película, y tanto WowWee como Avi Arad pasaron página rápidamente, evitando mencionarla en sus balances creativos. El caso quedó como ejemplo de cómo una estrategia de marketing cinematográfico puede fracasar si llega tarde y sin un producto que siga vivo en la cultura popular.
Hoy, WowWee sigue activa y ha sabido reconducir su negocio con licencias y alianzas estratégicas, como su reciente colaboración con Roblox para lanzar líneas de juguetes vinculadas al universo virtual. Avi Arad, por su parte, continúa como una figura influyente en Hollywood, alternando éxitos como Spider-Man: Un nuevo universo y su secuela, con tropiezos sonados dentro del fallido universo Spider-Man de Sony. Su próximo reto es adaptar The Legend of Zelda a la gran pantalla, un proyecto que, a diferencia del caso Robosapien, parece tener un público fiel garantizado y un interés cultural todavía intacto.















