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Estados Unidos resuelve el misterio de la esfera dorada que apareció en el fondo del mar de Alaska a más de 3.000 metros

El mar aún guarda formas biológicas tan extrañas que hasta un resto pegado a una roca puede parecer de otro mundo.
Estados Unidos resuelve el misterio de la esfera dorada que apareció en el fondo del mar de Alaska a más de 3.000 metros
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Actualizado: 17:00 3/5/2026
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Durante más de dos años, aquella esfera dorada encontrada a más de 3.250 metros de profundidad en el golfo de Alaska fue una de esas rarezas capaces de disparar la imaginación colectiva. Brillaba, tenía una forma casi perfecta y aparecía pegada a una roca como si alguien la hubiera dejado allí a propósito. Hubo quien habló de un huevo desconocido, de una especie aún sin catalogar e incluso de algo casi extraterrestre. Ahora, la NOAA ha cerrado por fin el misterio: no era ninguna criatura nueva, sino el resto biológico de una anémona gigante de aguas profundas.

El hallazgo original se produjo el 30 de agosto de 2023 durante una expedición del Okeanos Explorer, el buque oceanográfico de la NOAA. A simple vista, el objeto desconcertó incluso a los expertos a bordo, acostumbrados a convivir con formas de vida difíciles de clasificar. El problema era que la muestra no parecía un animal reconocible: no tenía tentáculos visibles, ni boca, ni ninguna pista anatómica clara. Solo una masa dorada, brillante y extrañamente cerrada sobre sí misma.

El misterio de la esfera dorada del fondo marino

La resolución llegó después, cuando la muestra fue enviada al National Systematics Laboratory de la NOAA, ubicado en el Smithsonian National Museum of Natural History. Allí, los investigadores combinaron observación microscópica y análisis genético para desentrañar su origen. Primero encontraron cnidocitos, las células típicas de anémonas, medusas y corales. Después, una secuenciación más amplia del ADN apuntó de forma clara a Relicanthus daphneae, una rarísima anémona profunda descrita en 2006, conocida por su gran tamaño y por sus tentáculos larguísimos.

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Lo más sorprendente es que la famosa esfera no era el animal entero, sino un vestigio de su base adhesiva, la estructura con la que esta anémona se fija al fondo marino. Como el cuerpo vivo normalmente queda encima, los humanos casi nunca ven esa parte aislada. Eso explica que la muestra pareciera tan desconcertante: no estábamos viendo una anémona, sino algo así como su huella pegada a la roca, una parte del organismo que rara vez se observa por separado.

La huella de una anémona gigante

La especie a la que pertenece tampoco es precisamente corriente. Relicanthus daphneae puede medir alrededor de 30 centímetros de diámetro y desplegar tentáculos de más de dos metros. Suele habitar en aguas muy profundas y en ocasiones cerca de fuentes hidrotermales, en algunos de los ambientes más extremos y menos explorados del planeta. Que una simple estructura residual de este animal haya sido capaz de despistar durante años a científicos y público da una idea bastante precisa de hasta qué punto el océano profundo sigue siendo territorio casi desconocido.

Raquel Díaz Herreros
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