El embalse de La Serena (Badajoz) es el megapantano al que alude el titular: una lámina de agua descomunal que almacena más de 3,2 billones de litros (≈3.219–3.232 hm³) y que, a simple vista, parece un “mar interior” en plena dehesa extremeña. Las obras de la presa arrancaron a mediados de los 80 y la inauguración oficial llegó en 1990, consolidando a La Serena como el mayor embalse de España por capacidad.
Desde el punto de vista técnico, La Serena cierra el curso del río Zújar y opera en tándem con el cercano Zújar como contraembalse. Su vaso anega 13.949 hectáreas y la infraestructura sirve para regular caudales, abastecer poblaciones, impulsar regadíos y generar electricidad gracias a una central hidroeléctrica de ≈25 MW. Los documentos de la Confederación Hidrográfica del Guadiana y las fichas técnicas confirman la cifra de capacidad y su papel clave en la regulación de la cuenca.
¿Es de verdad “el tercero más grande de Europa”? Varios medios españoles lo publican así (a veces ordenándolo tras Alqueva y Kremasta), pero la comparación cambia si incluimos grandes embalses de Rusia o Ucrania en la definición geográfica de Europa: el Kuybyshev (Volga) roza 57 km³ y el Rybinsk supera 25 km³, muy por encima de La Serena. En rigor, La Serena es líder en España y está entre los de mayor capacidad de Europa occidental, pero no sería tercera si se consideran esos gigantes del este europeo.
Su importancia no es solo volumétrica: amortigua sequías y avenidas en una de las cuencas más irregulares del país. La propia crónica hidrológica del embalse recuerda episodios extremos, como el vaciado hasta ≈70 hm³ a mediados de los 90 y el llenado fulgurante de más de 1.500 hm³ en 40 días tras temporales de 1995–96. En campañas recientes, los partes hidrológicos han vuelto a subrayar la función de los grandes embalses extremeños en la gestión de crecidas y desembalses coordinados.
En el territorio, La Serena ha reconfigurado el paisaje de la Siberia y La Serena extremeñas—de campiñas pardas a costa dulce con islas y penínsulas—y sostiene miles de hectáreas de regadío junto a usos recreativos y turísticos. Municipios como Puebla de Alcocer, Esparragosa de Lares o Castuera se asoman a una masa de agua que, por escala, “parece un lago asiático” pero es netamente ibérica. La literatura divulgativa y turística local, así como las entidades del agua, lo documentan con detalle.
