Una jubilada de Texas vive atrapada en un limbo legal después de haber ganado 83,5 millones de dólares en una aplicación de lotería. El premio, que podría haber cambiado su vida, ha quedado congelado por decisión de la Comisión de la Lotería del estado, que prohibió repentinamente ese tipo de plataformas y bloqueó el pago.
La mujer ha denunciado el cambio de reglas "a posteriori", mientras la app responsable ha cesado su actividad en Texas y se ha desentendido del conflicto. El caso, que puede parecer lejano, ha encendido todas las alarmas en España, donde la venta de décimos por internet también está siendo objeto de una batalla regulatoria.
Una jubilada contra el Estado
La Sociedad Estatal de Loterías y Apuestas del Estado (SELAE) ha anunciado que creará un canal único de venta online, controlado íntegramente por el Estado. La decisión llega con el respaldo del Tribunal Supremo y tiene como objetivo frenar fraudes, blanqueo de capitales y la compra masiva de boletos con fines ilícitos. Pero la medida pone en riesgo un ecosistema digital que, desde la pandemia, ha permitido a más de 4.000 administraciones mantenerse a flote.
Durante los confinamientos, muchas administraciones de lotería crearon sus propias webs y se asociaron con plataformas como TuLotero o Lotopía. Hoy, el negocio online representa alrededor de 1.000 millones de euros anuales —el 10 % de la facturación total del sector— y llega hasta el 30 % de los ingresos en algunas administraciones. La amenaza de perder ese canal, unido a unas comisiones congeladas en el 4 %, hace temer el cierre de hasta 1.000 negocios y despidos masivos.
Las asociaciones de loteros denuncian que SELAE ya tiene el monopolio del producto (la lotería en sí), pero no de su comercialización, y que limitar la venta digital a un solo canal estatal destruiría las inversiones tecnológicas realizadas desde 2020. Además, cuestionan la falta de criterios claros en el actual reglamento sobre prevención del fraude o la protección de menores, lo que ha llevado a Loterías del Estado a intervenir con una política de control centralizado.















