El actor Sylvester Stallone lleva medio siglo siendo uno de los nombres más reconocibles de Hollywood. Rocky Balboa y John Rambo son mucho más que personajes de ficción: son iconos culturales que definieron la imagen del héroe de acción estadounidense. Sin embargo, tras la coraza de músculos y la leyenda cinematográfica, Stallone guarda un rencor muy específico hacia un sector de la industria: no hacia compañeros de profesión, como en su día se especuló con Schwarzenegger o Richard Gere, sino hacia los temidos Premios Razzie.
Los Razzies: de broma a estigma
Los Golden Raspberry Awards, conocidos popularmente como Razzies, nacieron como una parodia de los Oscar, premiando “lo peor del cine”. Pero lo que empezó como un chiste ha acabado siendo, para muchos actores, un estigma difícil de digerir. Stallone es el caso más paradigmático: acumula más de veinte nominaciones y llegó a recibir la etiqueta de “Peor Actor del Siglo”, una humillación que él mismo no dudó en calificar de injusta.
John Wilson, fundador de los Razzies, contó en una entrevista que en el año 2000 recibieron un mensaje de voz supuestamente del propio Stallone. En él, el actor protestaba con dureza: “Mis películas ganan dinero, dejad de molestarme”. La frase, que resume su hartazgo, revela hasta qué punto estas menciones han sido una espina clavada en su carrera. Porque si bien la crítica lo ha castigado en numerosas ocasiones, la taquilla casi siempre le ha respaldado.
Entre la burla y el reconocimiento
Ejemplos no le faltan. Creed, estrenada en 2015, recaudó más de 110 millones de dólares solo en Estados Unidos y le devolvió a Stallone la gloria de los Oscar con una nominación a Mejor actor de reparto. Ese contraste entre reconocimiento oficial y burla sistemática explica su animadversión: ¿cómo puede ser que el mismo actor que logra emocionar en un spin-off de Rocky sea, al mismo tiempo, señalado como lo peor del séptimo arte?
No todos los intérpretes han reaccionado igual. Halle Berry, por ejemplo, acudió con humor a recoger su Razzie por Catwoman. Sandra Bullock fue más allá: apareció en la ceremonia para aceptar el galardón por Todo sobre Steve el mismo año que ganaba el Oscar por The Blind Side. Incluso directores como Uwe Boll respondieron con sarcasmo. Pero Stallone nunca lo vio como un juego: para él, los Razzies son un recordatorio malicioso de una época en la que la crítica lo convirtió en blanco fácil.
¿Sátira o desprecio?
La cuestión de fondo es hasta qué punto los Razzies son un ejercicio de sátira sana o una práctica que perpetúa el desprecio hacia artistas que, con aciertos y errores, han marcado la historia del cine. Stallone, con su trayectoria de luces y sombras, parece ser la prueba de que la risa a costa del otro no siempre resulta inocente. En su caso, lo que empezó como una broma acabó erosionando la relación entre un mito del cine de acción y la industria que lo encumbró.















