En las frías y agitadas aguas del Atlántico Norte, donde las corrientes son tan impredecibles como el clima de Escocia, un encuentro poco común ha dejado sin aliento a la comunidad científica. Un equipo de conservación marina ha conseguido grabar en vídeo a uno de los gigantes más esquivos y enigmáticos de Europa: el flapper skate (Dipturus intermedius), un pez cartilaginoso emparentado con las rayas y tiburones, cuya presencia en la naturaleza se ha vuelto cada vez más rara.
El avistamiento se produjo en las profundidades que rodean las Islas Orcadas, un remoto archipiélago al norte de Escocia, y ha sido descrito por los investigadores como “un golpe de suerte irrepetible”.
Un pez tremendamente escurridizo
El responsable de la observación fue Daniel Wise, miembro de la Orkney Skate Trust y biólogo marino con experiencia como buzo comercial. Wise no ocultó su emoción al rememorar el momento: “He tenido la fortuna de pasar tiempo con flapper skates en la naturaleza, pero sé que es una experiencia extraordinaria debido a su escasez. Esta vez, la posición y las condiciones fueron sencillamente perfectas”, explicó. El ejemplar grabado medía más de 2,5 metros de largo —comparable a una cama “king size”— y rondaba los 102 kilos, un tamaño imponente incluso para esta especie.
A pesar de su aspecto imponente, el flapper skate cumple una función delicada y esencial en el ecosistema marino: actúa como regulador natural de las poblaciones de peces, eliminando ejemplares débiles o enfermos y ayudando a mantener el equilibrio de la cadena alimenticia. Sin embargo, su supervivencia se encuentra gravemente comprometida. Declarada en peligro crítico de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), su población ha sufrido un colapso en el último siglo, principalmente debido a la sobrepesca.
El problema se agrava por sus características biológicas: es un animal de crecimiento lento, alcanza la madurez sexual tarde y produce un número muy reducido de crías. Sus huevos, encerrados en cápsulas coriáceas conocidas como “bolsas de sirena”, tardan hasta 18 meses en eclosionar, lo que convierte cada pérdida individual en un golpe difícil de revertir para la población total.
Ante esta vulnerabilidad extrema, Escocia ha implementado medidas de protección estrictas. NatureScot, la agencia gubernamental encargada de la conservación de la fauna, ha delimitado zonas marinas protegidas donde la pesca de esta especie está prohibida. Aunque los primeros datos indican una ligera estabilización de la población, los expertos advierten que la recuperación será un proceso de décadas, siempre y cuando se mantengan los esfuerzos actuales y se evite cualquier retroceso en la regulación.















